INFORCHESS - Informática aplicada al Ajedrez

 

La crisis del Mundial de Ellista 2006

 

Una nueva crisis ha comenzado en el Campeonato Mundial de Ajedrez. En la superficie, Topálov y su equipo consideran que pudiera haber algún tipo de ayuda electrónica a su rival, basados, al parecer, en la cantidad de veces que éste fue al baño. Suena irreal, pero es cierto. No hay pruebas que Kramnik haya recibido ninguna sugerencia, que por demás, para el nivel de las partidas, tampoco ha sido necesario. Las dos únicas victorias se las debe a su rival, que constantemente forzó las posiciones. Que Topálov no vea mate imparable en dos jugadas comenzando con jaque no es culpa de Kramnik. Es más, en la tercera partida el que se salvó fue el búlgaro. Como es apreciable por los análisis que hemos hecho en Inforchess todos estos días, ambos rivales han alternado aciertos y errores, en un clima muy tenso y un match muy corto donde cualquier falla es decisiva.

 

En el fondo, el tema no es el  baño. Curiosamente, estos meses incluso,  Topálov también ha recibido críticas de sus colegas sobre que usa adminículos electrónicos para jugar. Y ahora él sostiene lo mismo de su rival. El problema es que es muy difícil mantener una corona desde lo puramente ajedrecístico cuando la misma tiene una connotación humana, económica y política tan grande.

 

Kramnik tiene compromisos para jugar con Fritz por un millón de dólares en poco más de un mes; Topálov también adquirió obligaciones a tenor de Campeón del Mundo. La FIDE no quiere que se le escape la posibilidad de unificar un título  que nunca dejó de ser suyo, pero que por razones económicas dispuso aceptar compartirlo. Topálov se dio cuenta de todo lo que perdía si se le va la corona, en virtud que el hueso es mucho más duro de roer de lo que se pensaba.

El Sr. S. Danailov, un verdadero “hombre detrás del hombre”, es quien asesta este golpe mortal ante un panorama nada halagüeño para su discípulo. Kramnik, que de algún modo sostenía un título inexistente gracias a Kaspárov, ha caído en la más triste y sencilla de las “novedades teóricas” que podían endilgarle. Con un marcador 2-0 arriba, siendo un genio de la defensa, el ruso Kramnik no debería perder el match. “Revisen lo que quieran, no hay nada que ocultar”, debió decir. Es tan lógico que tu rival va a buscar cualquier cosa para explicar “lo inexplicable”: que pueda perder jugando al ajedrez.

 

A lo largo de la historia del juego ciencia hay innumerables ejemplos de esta conducta. No sólo Spassky-Fischer, si no Kárpov-Korchnoi, en Baguío fueron una vergüenza, Kárpov-Kaspárov en Moscú en 1984, en Leningrado en el 1986. Korchnoi y Spassky en Belgrado en 1978; Korchnoi-Petrosian en 1975, Polugaievsky-Mecking en 1977, Petrosian-Hubner en 1971, Hubner-Korchnoi en 1983; por nombrar los modernos más conocidos. Acusaciones de rayos, hipnosis, patadas por debajo de mesa, aparatos electrónicos, gurúes, parapsicólogos. El tema de la espada de la protesta y la capa de la ofensa, han servido para dejar a salvo el honor de varios, que no saben cómo resolver el problema en se hayan metidos. El ajedrez nunca fue un juego practicado por todos caballeros; la más de las veces, fueron individuos que debían ganar a cualquier precio, que deben subsistir a cualquier precio, porque cuando pierden, se les va la vida.

 

El Comité de Apelación “sencillamente olvidó” leer el contrato firmado por ambas partes, donde reconocen los derechos y deberes. Acordaron el sistema de juego, la sala, el ritmo, el tiempo para presentar alguna queja, el concepto sobre el cual se podía admitir un reclamo. Pero claro, no regularon cuántas veces se puede ir al baño, porque 25 veces en una partida es sospechoso de que le pasan jugadas por algún aparato electrónico; es más, habría que echar al programador o al ingeniero en sistemas de Kramnik porque en la segunda partida estaba perdido totalmente y en la tercera dejó escapar la victoria.  Un Comité de Apelaciones serio, primero hubiera desestimado la protesta por extemporánea; o hubiera desestimado la acusación luego de revisar los baños; hubiera suspendido la partida hasta conciliar las partes y aclarar el asunto, hubiera revisado las cintas. Pero este Comité hizo todo lo contrario.

 

Hace un año, desde este mismo púlpito dijimos que no correspondía unificar nada, porque el título era siempre el mismo. La misma FIDE ha desvirtuado la calidad del Campeón Mundial, haciéndolo anual, por eliminación,  sacando y poniendo candidatos, como si esto fuera un deporte más, que se puede probar, total, si no da resultado, cambiamos. No interesa decir, asegurar, que en San Luis (Argentina), se jugó el Campeonato Mundial, porque en el fondo ya tenían previsto que unificarían un título en un match con más euros para las arcas de la FIDE. Y bien decía mi abuela, “lo que mal empieza, mal acaba”.

 

Lo bueno es que el ajedrez no se mancha; pero los ajedrecistas y los dirigentes no dejan de ser lo que son: seres humanos cargados de pasiones y deseos, vulnerables, predecibles, capaces de los más altos sacrificios y también de las más bajas y abyectas de las conductas.

 

Jorge Luis Fernández

Mendoza, 1 de Octubre del 2006