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Chess Exam and Training Guide: Rate Yourself and Learn How to Improve

 

El Diagnóstico.

 

El libro del MI Igor Khmelnitsky, Chess Exam and Training Guide: Rate Yourself and Learn How to Improve  (Examen de Ajedrez y Guía de entrenamiento, Mídase a si mismo y aprenda como mejorar), ha sido muy elogiado en los Estados Unidos y yo esperaba los comentarios en un público más exigente y conocedor para decidirme a examinarlo, ya que frecuentemente los libros con títulos muy rimbombantes decepcionan. Aunque la culpa de los títulos de los libros muchas veces recae en el “experto en mercadotecnia” de las editoriales.

 

La aparición en ruso del libro y la consecuente crítica entre el círculo de entrenadores profesionales en Rusia y Ucrania, francamente llamaron mi atención. No es fácil que los entrenadores de Kiev y San Petersburgo hagan elogios de libros producidos en los Estados Unidos, aunque sean escritos por un ex soviético, pues piensan que allá nada mas se publica lo que se venda fácilmente y que gran parte de los libros de ex soviéticos son “refritos” o sea nuevas ediciones, con poco añadido, de los libros que ya fueron difundidos en la URSS.

 

Constantemente los jugadores se preguntan como mejorar y los entrenadores tienen que enfrentar este cuestionamiento frecuentemente y saben que una gran proporción está en la persona misma y sus características psicológicas, en sus motivaciones, pues de ahí devendrá su afán de conocimiento, su empeño en lograr desarrollar sus habilidades y de superar los obstáculos, que por supuesto, los más grandes se los pone él mismo. Ganar o perder no suele ser a causa de un factor externo. Uno pierde las partidas, no se las ganan.

 

Ahora bien, hay grados de habilidad y algunos aspectos se pueden alcanzar sin un verdadero conocimiento de si mismo y el control de sus debilidades. Si solamente el dominio de si mismo contará, como era hace unos 60 años, en el éxito en ajedrez, no se podría esperar que se lograse la excelencia antes de los 30 años. Aunque ahora tengamos un campeón mundial de casi 40 años, el de mayor edad en ganar el título, si no contamos a Lasker y Botivinnik que lo mantenían o recuperaban, de la historia; lo cierto es que se puede lograr en ajedrez un nivel de excelencia casi suprema, es muy importante ese casi, antes de los 20 años, como lo muestran Ponomariov, Karjakin, Radjabov, Carlsen, etc.

 

Pero en general, para los seres “normales” lleva bastante tiempo y hay tantas etapas que atravesar que no se podría esperar un nivel de calidad antes de los 30 años.

 

Los especialistas en Psicología, que son pocos, y los que además saben de ajedrez, menos de una docena, sostienen que la diferencia entre los maestros y los grandes maestros la diferencia es más bien psicológica y que influyen más factores de desarrollo humano que técnicos de ajedrez.

En la revista The Scientific American (Agosto 2006) aparece un artículo de  Philip E. Ross, en que describe varias investigaciones realizadas para llegar a comprender como una persona se convierte en un experto en un campo de conocimiento. El  artículo  enlista una serie de variables: talento, memoria, percepción, motivación, acumulación de conocimiento y el valor de la práctica. Todo muy interesante, pero uno ávidamente busca, como buen entrenador de ajedrez, algunas herramientas prácticas.

 

Siempre uno está buscando la piedra filosofal del ajedrez, o al menos una piedra roseta.

Pero, ¿Por qué en ese tipo de artículos de ciencia en general no las encuentra? Porque en el ajedrez la situación es de conflicto crítico, agónico, no de conflicto continuo. En anteriores artículos he expresado que el ajedrez, como la ciencia, no es meramente un conjunto de conceptos, sino un modo de vida. En la ciencia el modo de vida está determinado por un pensamiento crítico, presente constantemente. Dudo, luego pienso, pienso, luego existo.

 

Pero en la ciencia estamos jugando contra un oponente que no juega a los dados con el Universo, ya nos lo dijo Einstein. Un oponente que más que un contrario es un entrenador, que sólo busca nuestro bien y nos pone tareas.

Pero en el ajedrez es la guerra, el constante acosar y ser acosado. Entonces los instrumentos no podemos buscarlos en artículos científicos, aunque nunca esta de más conocerlos, sino en manuales de batalla.

 

Cuando en investigaciones realizadas buscando las razones del éxito en muchos grandes maestros que he conocido a lo largo de mi práctica como jugador, entrenador e incluso como periodista, he tratado de determinar un patrón en las actitudes del jugador exitoso. Al entrevistar a militares, combatientes o ex combatientes, exitosos al estar vivos, también quise establecer un patrón de actitudes. Y siempre hay un factor presente. Lo primero en que piensan al examinar una situación no es lo que pueden hacer, es lo que les pueden hacer a ellos. Primera regla, sobrevivir. Antes de disparar y atinar, hay que cuidar que no le disparen a uno, y en su caso, que no le atinen. Después ya viene lo demás. Sobrevivir y lo demás es filosofía.

 

Karpov decía que la profilaxis es la estrategia moderna. El Duque de Wellington decía que la clave era pensar primero como los del otro lado de la colina.

El Gran Maestro Efim Geller, a menudo se ponía del lado del tablero del contrincante, para ver el panorama desde ese punto de vista. Algunos conferencistas sobre métodos de creatividad le llaman la técnica del helicóptero, volar encima del otro y ver todo como él lo ve. Otros dirían, “póngase en sus zapatos”.

Esto parece una verdad muy obvia, pero es la regla más violada por los ajedrecistas, los que no son maestros. Cuando se llega a convertirse en costumbre el mirar primero lo que él otro va a hacer que lo que uno puede hacer, repentinamente, se aplica la teoría del Quantum, y se sube un nivel de juego.

Disciplinarnos y alcanzar esto puede llevar años y es lo más difícil de trabajar porque está relacionado con aspectos psicológicos muy internos en la manera de ser de uno.

Uno pierde partidas una y otra vez de la misma manera, porque la vida se empeña en hacernos aprender algo que nos negamos a hacerlo. Si uno examina las partidas que pierde, parece que fueron por diferentes errores, pero si uno va más profundamente hasta hallar la verdadera esencia del error, se dará cuenta que es exactamente siempre, o casi siempre, el mismo error. Lo identifica uno, y si logra erradicarlo, parecerá que una lluvia de rating le cayó encima y de repente se logra la maestría.

Es posible, muchos entrenadores lo afirman, aunque quizás sea para remarcar lo indispensable que es un entrenador, que el error esencial, la fuente de todos los errores, no los pueda encontrar uno solo. Necesitará de un entrenador, todos dicen eso, además de un buen psicólogo, pocos dicen eso por dos razones: Primera, no quieren reconocer los límites que tiene el entrenador, que no puede ser un todologo, especialista en ajedrez, en jugar ajedrez, en enseñar ajedrez, en investigar en ajedrez, especialista en desarrollo humano, en comunicación, en pedagogía y encima en psicología.

Segunda: Debe haber una docena de psicólogos en todo el mundo que estén capacitados para apoyar a un ajedrecista en su superación. Si no fueran tan pocos, como si hay muchos buenos entrenadores, se estarían produciendo grandes maestros como teleras en una panadería. Los soviéticos no hubieran graduado unos 300 grandes maestros sino unos 10 mil, de entre tanto jugador que tenían y tanto joven con vocación.

 

En Islandia, en la época que existía la URSS,  de 200 mil habitantes, 30 mil jugaban ajedrez y tenían 9 grandes maestros. Los rusos de 4 millones de jugadores hubieran tenido miles si esto fuera proporcional. Está claro que la cultura islandesa encierra aspectos psicológicos más favorables que la cultura soviética para producir grandes jugadores, pues estimo, sin poderlo confirmar, que los psicólogos islandés ni eran mejores, ni más numerosos que los soviéticos.

Todo esto para reafirmar la idea de que los jugadores exitosos empiezan por identificar las posibles ideas, planes y jugadas del contrincante, que los propios.

 

De ahí que para mejorar debemos establecer que tan alejados estamos de esa costumbre, tratar de enraizarla en nosotros, y de repente, ya subimos de juego.

El libro de del MI Igor Khmelnitsky, Chess Exam and Training Guide: Rate Yourself and Learn How to Improve  (Examen de Ajedrez y Guía de entrenamiento, Mídase a si mismo y aprenda como mejorar), ayuda mucho en esas tareas. Pero, como todo tiene un pero, su método hace evidente una cosa, la necesidad de un entrenador. Estudiar ese libro individualmente no es nada fácil. Hay muchas maneras de hacerse trampa uno solo y de esa manera no sacar el máximo jugo de este excelente cuaderno de trabajo. Es como el de Ziatdinov, GM-RAM,. Son excelentes, pero trabajarlos en solitario es muy difícil. El trabajo en grupo puede ser la única solución cuando no se cuenta con un entrenador.

Muchos libros de autosuperación tienen ese defecto, son buenos, pero tan exigentes en su cumplimiento que no funcionan si uno los estudia solo, a menos que seamos un dechado de fuerza de voluntad, como Alekhine.

 

Uno puede hacer ejercicio en su casa, se compra los halterios, o pesas, además de aparatos de todo tipo y se pone a ejercitarse como en un gimnasio. Normalmente su desempeño y resultados serán inferiores que si va a un gimnasio y un auxiliar al menos lo esta observando y le dice continuamente que corrija la forma de hacer tal o cual movimiento en el ejercicio y lo está animando cada vez que se recuesta para descansar o le impide que vaya a las regaderas o duchas demasiado pronto. A veces por la pura vergüenza de que ese empleadillo piense que somos  unos flojos, trabajamos el doble que en casa. Y de repente, vemos que nuestros avances son mayores, por mucho, que los que lográbamos en casa.

Por eso funcionan los entrenadores, no porque sepan más que el libro, sino porque contestan preguntas y nos impiden la autocomplacencia y la auto conmiseración. No nos dejan consentirnos.

 

El libro del MI Igor Khmelnitsky es especialmente útil para un entrenador, pues tiene mucho material para monitorear el avance de los pupilos y acicatearlos, pero tiene un lado flaco, genera muchas cuestiones y cuestionamientos, que no es lo mismo aunque casi suenen igual, que un entrenador tal vez no pueda contestar en apoyo de un pupilo que esté estudiando el libro, sin la ayuda especializada de un psicólogo educativo especialista.

 

Esa cajita negra que es el cerebro, sabemos algunos como estimular a que funcione, pero sólo unos cuantos saben como funciona y porque lo hace de esa manera. Cuando nos lo explican, todo parece más claro y mejoran los desempeños. Pero para saber todo lo necesario habría que haberse metido tomos y tomos de Piaget, de Vigotsky, de Luria, de Galperine y entonces, ¿a que horas hubiera estudiado a Capablanca, Lasker, Dvoretsky,. Kotov, Suetin y Romanovsky. Para eso son los equipos interdisciplinarios.

Además hay siempre errores en todos los libros que hacen que uno tenga que tomar diversas fuentes para cruzar información. Ya no se puede uno confiar a una sola fuente. Por ejemplo, en el cuaderno “Ajedrez para todos”, editado en Cuba, armado por un montón de maestros cubanos, revisado por medio mundo, aparece una foto de niño de Samuel Reshevsky, y la ponen como si fuera José Raúl Capablanca. Si esto hubiera sucedido en otro país, pero en Cuba, donde la cara de Capablanca la conoce todo el mundo, es increíble un error así. Lo comenté con uno de los autores y me dijo, “Es Capablanca”, le mostré diez fotos de Reshevsky parecidas y le explique que los tipos de cráneo de Reshevsky y de Capablanca antropológicamente tiene una clasificación distinta. No lo aceptó. Le dije que la ropa, sería poco probable que se usara en Cuba por lo calurosa y que era de 1926 más o menos, y que Capablanca era campeón mundial y adulto en ese año, y que si fuera de un niño de siete años,  que Capablanca a esa edad no salía de Cuba. Y sólo contestó, “En verdad que esas fotos de Reshevsky se parecen bastante a la de Capablanca. No había notado el enorme parecido entre ellos dos”. Bueno. ¿Qué se puede hacer?. Ya en un próximo artículo presentaré las pruebas contundentes que la foto del niño Capablanca, es la del niño Reshevsky, 20 años más joven,

En resumen el libro de  MI Igor Khmelnitsky fue para mi un hallazgo, pero es como algunos compuestos químicos, en la dosis exacta y recomendados y con seguimiento de un  especialista puede tener resultados curativos excelentes, pero con error en las dosis, puede envenenar a alguien. Como es un libro para hacer un diagnóstico puede ser muy peligroso, pues puede hacer creer a alguien que tiene mucho talento o muy poco, por lo que puede desanimar o inflar a espíritus poco críticos. Diría yo que no es material de menores de 18 años, a menos que estén acompañados por un entrenador. O sea clasificación “PG” como los filmes americanos. Es un gran libro y me parece fenómeno que sea un argumento muy contundente de que los entrenadores somos indispensables, aunque pareciera que la intención fuera lo contrario. Al lector le recomiendo que lo adquiera y que tenga a mano mi email. Aunque toda consulta no siempre causa honorarios, con cualquier pretexto puede quedar enrolado a alguno de mis cursos. Lo peor es que algunas veces hay que esperar turno.

 

 IM Raul Ocampo Vargas

Comitán, Chiapas; a 16 de Noviembre de 2007.