INFORCHESS - Informática aplicada al Ajedrez

 

Notas Bibliográficas de Inforchess No. 7

Notas Bibliográficas de Inforchess No.7

 

MI Raúl Ocampo Vargas.

 

Ajedrez y Refranes.

 

Si me pierdo búsquenme en Andalucía o en Cuba” decía Federico García Lorca; hablando de dos lugares donde la fertilidad se muestra en lugares y personas.

Sevilla y Cadíz, La Habana y Veracruz, puntos que unieron en la historia la Península Ibérica y la América Nuestra.

Se me parece tan propio todo lo que viene y va por esa ruta que navegantes ibéricos escribieron en las olas del mar. ¿Cómo separar a Antonio Machado, a José Martí y a Salvador Novo? Todos unidos en un camino marcado por Cervantes y reescrito por García Lorca.

Cuando hablan de Latinoamérica, quisiera yo escuchar mejor Íbero América. Dos continentes unidos por las islas. No me parecen tan similares la savia italiana y francesa, aunque si la lusitana, e incluso la cartaginesa de los Barca y la maltesa y fenicia. Me suena a Luis Bonaparte aquella idea de la Latinoamérica, por ello quisiera escuchar más la parte ibérica que la latina unida a nuestro nombre que de origen italiano a fuerza de siglos y de sangre lo hicimos nuestro, mezclando Iberia, América y Africa.

La Giralda paso a La Habana como Giraldilla y puso su sello sevillano a todo lo americano. Cervantes, complutense que siempre deseo hacer la América y que fue atado por el Medio Oriente en sus venas, se adueño de México de mejor manera que el conquistador extremeño y todos aquí se alimentaron de sus historias gracias a su personaje quijotesco. Pero alguna vez un escritor ajedrecista mexicano, Juan José Arreola, decía que los mexicanos más que en Rocinante montábamos en Furcio, y que Sancho Panza era con sus refranes más maestro que Justo Sierra para los habitantes del valle de Anahuac.

No tiene que ser muy viejo el que recuerde que en México los refranes orientaban todo. Y seguramente esa costumbre llegó a Tenochtitlan con los hispanos que vinieron de Cuba a forjar una nacionalidad nueva.

Ahora que todos elogiamos el idioma castellano con la celebración del centenario Cervantino, me parecía que el ajedrez no podría estar ajeno.

Cuando recibí un preciado regalo venido de la ciudad del Cid y ver que era una obra de andaluces, no pude si no conmoverme. Un libro de ajedrez muy, pero muy especial.

Buena manera de celebrar a Don Miguel de Cervantes Saavedra la que tuvieron

Rafael González Custodio y el MI Agustín García Luque, con las hermosas ilustraciones de Diego Neyra Flores. Tres andaluces homenajeando a un complutense que es universal. Técnicamente tendría que referirme a 43 partidas en 25 capítulos, pero la estética de la idea y de su desarrollo no pueden encuadrarse en apreciaciones técnicas. Es un libro más para el corazón que para el cerebro. Por supuesto que la belleza instruye, pero este libro quiero encomiarlo de otro modo. Su primer mérito es la idea misma de realizarlo. No es que el qué haya sido más elogiable que el cómo, pero la belleza de siquiera concebirlo, va superando el cómo. Me llamó la atención el de que en las partidas había mas descripciones que variantes, más relato que cálculo, más sentido de la posición, que teoría. Si el razonamiento en ajedrez se compone de conocimiento (teoría, experiencia, saber), cálculo  e intuición (sentido posicional, ingenio, sentido de las piezas, del espacio, inspiración divina si se quiere); a un libro como este hay que sentirlo, no calcularlo ni teorizarlo. Los refranes son así, creados a partir de la intuición de los pueblos. En el caso del gobernador de la Barataria, sus refranes eran su kadesh, su código, su brújula en el alma, su “phi”.

Como quisiera siempre en mis comentarios de libros animar al lector potencial a conocer el ejemplar que describo, vean los encabezados de cada capítulo:

 

Capítulo 1: A mal tiempo buena cara.

Capítulo 2: A grandes males grandes remedios.

Capítulo 3: Una retirada a tiempo es una victoria.

Capítulo 4: Mientras hay vida hay esperanza.

Capítulo 5: Casa con dos puertas, mala es de guardar.

Capítulo 6: La unión hace la fuerza.

Capítulo 7: Juntos pero no revueltos.

Capítulo 8: La avaricia rompe el saco.

Capítulo 9: Más vale maña que fuerza.

Capítulo 10: No es oro todo lo que reluce.

Capítulo 11: Más vale prevenir que curar.

Capítulo 12: Cada cosa a su tiempo.

Capítulo 13:  No por mucho madrugar amanece más temprano.

Capítulo 14: El Tiempo es oro.

Capítulo 15: Quien tuvo retuvo.

Capítulo 16: La música amansa a las fieras.

Capítulo 17: No hay que confundir valor y precio.

Capítulo 18: Zapatero a tus zapatos.

Capítulo 19: El que la lleva la entiende.

Capítulo 20: Mejor solo que mal acompañado.

Capítulo 21: Hasta la cosa más baladí para algo puede servir.

Capítulo 22: A Don Seguro se lo llevaron preso.

Capítulo 23: No hay enemigo pequeño.

Capítulo 24: Deja lo bueno por lo mejor.

Capítulo 25: El que la sigue consigue.

 

El origen ibérico se pierde con el uso globalizado de toda la América Nuestra, pues desde el Bravo hasta la Patagonia utilizamos estos refranes de diario. ¿Quién nos puede decir que nos sean ajenos? Cuando Fernando Ortíz hizo su recopilación de refranes de uso en Cuba, frecuentemente tenía que decir que eran tan comunes en España como en México y Colombia. Los marinos que viajaban de Cartagena y de Veracruz se juntaban en La Habana para ir a Cádiz. El Cristo del Buen Viaje los vigilaba desde San Juan de Ulúa, pasando por el Morro para terminar rezando en La Rabida. Claro que la influencia africana hizo su parte en la creación de refranes, con el patakin yoruba, que se unieron a los sabios consejos de los tlamatimines mexicas, pero solo para manifestar que la sabiduría humana popular se muestra de manera similar en todas las culturas y pueblos. Aún recuerdo unos artículos de Mikhail Tal que se llamaban “Meditaciones ante el Altar” en que escribía un refrán aparentemente eslavo, pero de interpretación universal que podría traducirse como”A nadie se le haga mal y él que así lo hiciere, en la misma moneda el pago espere”.

El libro “Ajedrez y Refranes” fue uno de los mejores que me han regalado, y  quizás el más agradable. Además lo recibí en un momento en que sentí que pocos amigos tenía en la vida que se me escapaba y saber que uno, desde la tierra de Cervantes y el Cid se acordaba de mi, enviándome algo de mi Andalucía querida, sencillamente me hizo pensar en el olmo hueco de que hablaba Machado y estoy esperando un milagro de la primavera…

 

Santa Cruz a 3 de mayo de 2006.