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Inforchess YearBook 2004

Rudolf Spielmann
Guía del sacrificio en ajedrez

Paul Morphy
Guía para jugadores de ataque
|
Testimonios Pablo Ricardi
"Viejo te decían
todos cuando llegué al ajedrez como joven revoltoso y
desafiante. Viejo se le dice también padre. Y padre
fuiste, no de uno, sino de muchos. De todos los
ajedrecistas. Mi generación, y las siguientes, lo
tuvimos como al gran rector del colegio, la máxima
autoridad en materia de ajedrez. Jugaba, competía,
enseñaba, organizaba, financiaba... Todos en un solo
hombre. Miguel Najdorf fue, y hoy como nunca me surge
esta comparación, el Sarmiento del ajedrez argentino.
Ayer pensaba en los muertos ilustres. En Robert Mitchum,
que interpretó al detective Philip Marlowe, al que
Chandler le adjudicó una constante pasión por el
ajedrez. Entonces volvés siempre al pensamiento, viejo
Najdorf. Te recuerdo inclinado sobre mesas de ajedrez,
desde tu pose sarmientina.
Padre, creo que tengo derecho a llamarte así, te
recuerdo también en tus defectos. Eras vanidoso (como
todo buen ajedrecista), irascible y autoritario. Me
acuerdo de tus retos cuando perdí una partida en una
olimpíada. Esa imagen que en su momento me humilló
ahora me enorgullece.
Eras generoso hasta la provocación. Un ejemplo: en el
último torneo abierto por él organizado sorprendió a
todos los maestros dispensándoles un cachet una vez
finalizada la justa. La actitud de un caballero, inusual
en estos días. Eras incansable, desafiabas al tiempo con
tu actividad y lucidez. Tu vejez dinámica y combativa
siempre me pareció admirable. No te aplacó saberte el
mejor. Usaste el trabajo duro para educar tu temple.
Siempre tuviste espacio para ser apasionado.
De su capacidad mental hay sobradas anécdotas. Dicen que
solía mezclar dos mazos de barajas francesas y recordar
con precisión el orden de las 104 cartas según fuesen
saliendo. O su extraordinario talento para jugar ajedrez
a ciegas. Su claridad conceptual para comprender una
posición cualquiera de ajedrez era única.
Y también su capacidad para pensar la vida. Para
sobreponerse a las pérdidas y a las desdichas. Para
rehacerse como si la vida fuese un juego.
El Viejo, su signo, vuelve a mí en cada jugada
brillante. En sus partidas y en las mías. En cada
esquina del tablero. En las variantes que inventó. En
suma, en tiodo su enorme legado ajedrecista.
El fue el creador de este mapa de aventureros, donde
supimos seguirlo varios locos y algún cuerdo. Donde
hasta casi ayer lo veía jugar con una devoción infantil
de 87 años. Paramí estará siempre en el panteón
sagrado de aquellas personas que fueron significativas
para mi vida y a las que recordaré con
veneración."
(Diario La Nación, 6/7/1997)
Luciano W. Cámara
"Lo conocí en 1939,
cuando el Torneo de las Naciones en el teatro Politeama,
de Buenos Aires. Era el segundo tablero de Polonia,
detrás de Tartakower. Escoltaron a Alemania, ganadora
del certamen, país que durante el desarrollo de la
competencia los invadió con sus tropas.
Lo recordamos movedizo, inquieto, atropellador. No lo
tratamos entonces, sino muchos años después. En 1955,
en el torneo con que el Club Argentino celebró sus bodas
de oro tuvimos un pequeño encontrón. Entonces creí
-ingenuo de mí- que en mi calidad de director del
certamen lo podía alejar del escenario, en el que se
paseaba entre las mesas observando las partidas. Desistí
aconsejado por el doctor Rafael Castells Méndez, nervio
del acontecimiento que apoyaba el gobierno.
Desde entonces nuestra amistad con el Viejo se estrechó
cada vez más. Mi señora fue amiga de su primera esposa
argentina, Eta, y posteriormente de la segunda, Rita. De
más está decir que nos reunimos infinidad de veces: en
sus conferencias, cuando finalizaba una sesión de algún
torneo, en los innumerables agasajos de que era objeto,
inclusive en el exterior, como cuando nos encontramos en
Merano, Italia, durante el match por el título mundial
sostenido por Karpov y Korchnoi en 1981.
Como se sabe, gozaba de una holgada posición económica.
En Merano alquiló un auto y nos invitó a Suiza, en un
día que no había partida. En el camino de cornisa
encontramos numerosos túneles. Cuando entramos por el
primero y quiso encender las luces se dio cuenta de que
no lo sabía y en la semioscuridad tanteó desesperado
hasta que encontró la llave. Más adelante, hizo una
maniobra retrocediendo con el auto hasta que lo clavó a
medio metro del precipicio. Fue infartante.
En escalas mayores o menores, su relación con él era
siempre así: sorprendente, a menudo salpicada con
comentarios audaces sobre determinadas características
de los jugadores, sobre todo de las mujeres, por las que
enloquecía como un latino. Solía contar que durante una
estada en un hotel de Estocolmo, una noche bajó a una
piscina y se encontró con que las rubias suecas se
bañaban desnudas. "Me volví loco", decía,
eufórico y riendo a toda rienda.
Que esta rutina te siga por siempre, querido Viejo."
(Diario La Nación, 5/7/1997)
Oscar R. Panno
"Miguel Najdorf fue
el mejor de todos los ajedrecistas que quedaron en
nuestro país después del Torneo de las Naciones de
1939. A partir de su radicación en nuestro medio
contribuyó a formar una nueva generación de
ajedrecistas.
Cuando ingresé al ámbito del ajedrez superior pude
calibrar su capacidad en todo sentido; por su talento, su
gran amor al juego ciencia y su irrenunciable entusiasmo.
Era un apasionado, comparable al gran Viktor Korchnoi que
escribió un libro llamado 'El ajedrez es mi vida'. El
también hubiera podido suscribir ese título.
Le interesaba cualquier partida y no solamente las
propias. En las Olimpíadas intervenía en la
preparación de sus compañeros y en caso de suspendidas
no dormía para analizar las posibilidades.
Hizo mucha escuela casi sin proponérselo, a través de
los buenos jugadores que por su nivel merecieron
rodearlo.
Un ejemplo de su gran capacidad en la investigación
ajedrecista lo constituye el desarrollo de su famosa
variante de la Defensa Siciliana que por mucho tiempo se
consideró que refutaba la apertura del peón rey y que
tuvo un brillante reinado hasta promediar la década del
50. Aún hoy, combatida y defendida por nuevos análisis,
tiene plena vigencia como la tienen las enseñanzas y la
pasión por el ajedrez que nos ha transmitido el gran Don
Miguel..."
(Diario Clarín, 5/7/1997)
Luis Scalise
"Era una leyenda...
Miguel Najdorf, el mejor ajedrecista de la Argentina
desde 1939, cuando llegó de su Polonia natal. Nacido el
15 de abril de 1910, este coloso del tablero tuvo una
vida llena de matices. El desarraigo forzado por la
crueldad de la Segunda Guerra Mundial lo trajo a estas
tierras. Y desde entonces fue argentinísimo. Aquí se
volvió a casar, tuvo dos hijas y se convirtió en un
entrañable personaje. "Después de mi familia está
el ajedrez", decía. Y así resumía su mundo. (...)
Najdorf hablaba ocho idiomas y ganó 52 torneos
internacionales. Además de ser el actual campeón
mundial de simultáneas a la ciega (título logrado en
San Pablo en 1946), se pueden mencionar los tres
subcampeonatos olímpicos en 1950, 1952 y 1954 como
primer tablero de Argentina y el tercer lugar en 1962.
Participó en once olimpíadas para la Argentina y en dos
para Polonia. Entre sus vencidos figuran campeones
mundiales como Botvinnik, Smyslov, Petrosian, Tal y
Fischer. Con excepción de Steinitz (el primer campeón
mundial) jugó contra todos, incluido Kasparov. Fue ocho
veces campeón argentino y en el torneo de Candidatos de
Zurich, en 1953, consiguió el quinto lugar.
Sus éxitos trascendieron el tablero por una personalidad
impetuosa y luchadora. Así era su estilo: frontal y
arrebatado. Y revolucionario por la creación de la
Defensa Siciliana, conocida como variante Najdorf.
Como hombre de negocios llegó a los estratos más altos.
"Siempre gracias al ajedrez", repetía
incansablemente. Conoció a Nikita Krushev, John Kennedy,
el mariscal Tito, Fidel Castro, Perón... Una lista
interminable.
En los últimos años tuvo que frenar su dilatada carrera
ajedrecística (más de 65 años frente al tablero) para
dedicarse a organizar torneos. "Es más difícil
armar un torneo de ajedrez que jugarlo", solía
quejarse. Así fue como, luego de ocho ediciones, su
Magistral pasó a formar parte de la agenda de todos los
grandes maestros.
Najdorf fue, sin duda, el padre del ajedrez argentino. Su
clásica pose con las manos entrelazadas por atrás será
añorada en todas las competencias. Desde ahora y para
siempre, Don Miguel es un mito."
(Diario Clarín, 5/7/1999)
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