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Rudolf Spielmann - Guía del Sacrificio en Ajedrez
Rudolf Spielmann
Guía del sacrificio en ajedrez


Paul Morphy - Guía para jugadores de ataque
Paul Morphy
Guía para jugadores de ataque

En torno a la 10ª partida del Match Najdorf-Julio Bolbochán,
por el XXVIII Campeonato Argentino, Buenos Aires, 1949 (
Ver la partida)

"Nunca sufrí tanto"...,
declara Najdorf al retener el título

El rumor crecía como una ola, y al ascender las escaleras llegaba a mí ya claro y nítido el comentario de la multitud de aficionados que en el Club Nueva Argentina seguían las alternativas vivaces de la última partida del match por el título. La anterior, la novena, declarada tablas, mantuvo el clima tenso.
- Najdorf jugó peón rey... ¡Juega a ganar!
- Pero sí, hombre. ¿No leíste sus declaraciones? Dijo que estaba cansado de empates y que esta noche iba a ganar.
En efecto. Yo también leí ese comentario; pero no es la primera ni será la última vez que él anuncie su próxima victoria. ¿Por qué lo hace? Le pregunté en cierta oportunidad, y escuché esta respuesta lógica, sensata: "¿Qué quieres que declare? ¿Que voy a perder? Si no gano, mala suerte". Tiene toda la razón del mundo; ocurre simplemente que no estamos acostumbradoa a tanta franqueza, a ese volcarse de la intimidad en gestos naturales; y Najdorf es así.

GM Miguel Najdorf

"¿Estoy bien?"

Cuando conseguí ubicarme cerca del tablero mural, alguien me sopló al oído:
- ¿Qué te parece... estoy bien? ¿Te gusta la partida?
Era él. ¿Qué contestarle?
- Sí..., estás muy bien. Me gusta tu partida.
- ¿Sabes que es la primevera vez en mi vida que juego un Ruy López?
Puestas las manos en los bolsillos, sabiéndose admirado, se abría paso entre el gentío, sin mayor dificultad. Cada aficionado se desesperaba por cruzar una palabra, por escuchar su comentario ligero. Pasé a la sala. Muchos periodistas rodeaban la mesa en la que Julio Bolbochán, imperturbable, meditaba su respuesta en una posición muy complicada. El blanco, Najdorf, tenía esa leve ventaja de la apertura: mayor agilidad de piezas. Todo el juego se desarrollaba en el flanco dama; el otro... como si no existiera. Fué justamente en ese sector dama que minutos después, y mediante una movida de alta factura -una jugada Najdorf diría él,- consiguió el gran maestro ganar un peón. Su dama estaba amenazada y tenía varias retiradas: una ofrecía las perspectivas de ataque, la otra defendía manteniendo latentes algunas amenazas y la tercera, esa que se vió cuando él la ejecutó, era un retroceso de dama a uno alfil rey que concretaba las aspiraciones de las otras dos, pues ganaba el peón torre. Ocurrió de esa manera. No cabía en sí de gozo cuando volvió a salir.
- ¿Y ahora gana, maestro? - le preguntó alguien.
- Tengo un peón de más, y con un peón más le gano a cualquier jugador en el mundo.
¡Incorregible!

Reacción final

La partida comenzó a las 21, y se prolongó hasta las tres de la madrugada; pero el número de espectadores se mantuvo hasta el final. Por frente pasan tranvías; cada dos horas paraba uno, y el "motorman" preguntaba a gritos:
- ¿Cómo van Najdorf y Bolbochán?
Sólo en el tercer viaje tuvo la respuesta. Casi lo mismo hacían los agentes de policía de facción en las inmediaciones. El teléfono no descansaba. Nunca vi tanto entusiasmo por una partida de ajedrez. Mientras tanto, y luego de cumplir las cuarenta movidas reglamentarias con cierto apuro en el reloj, Najdorf mejoraba. El peón torre estaba bloqueado por un caballo, y no resultaba fácil la tarea de imponerlo; Bolbochán aún tenía sus cosas. Y cuando vió que no podía quedarse a la expectativa, decidió jugar el todo por el todo...

"Nunca sufrí tanto"

No quedaban en el tablero sino las torres, un caballo y cuatro contra tres peones. Bolbochán entrevió un jaque perpetuo y sacó el caballo bloqueador para sumarlo a la fuerza del ataque con las torres. Más, Najdorf estaba alerta. Meditó la respuesta y jugó tranquilamente su rey, evitando el jaque y tendiendo a la vez una celada..., en la que su rival "entró"; pero, digámoslo, entrara o no entrara al jugarse la última carta, ya la suerte estaba echada. Cuando el desafiante amenazó el perpetuo Najdorf entregó la calidad cambiando torre por caballo. Luego se veía claro, pues para evitar la coronación del peón torre Bolbochán debía devolver calidad, y aún quedaba éste en la séptima casilla como una espada de Damocles: por eso el joven maestro tendió su mano a Najdorf diciéndole:
- Lo felicito, ha ganado.
- Sí, gané; pero le aseguro, Julio, que jamás me hicieron sufrir tanto en un match.
¿Hay palabras que traduzcan con mayor vigor un elogio para la labor de Bolbochán que este reconocimiento del propio Najdorf?
El público premió con aplausos el triunfo del gran maestro. Muchas felicitaciones recibió también Bolbochán, cuya derrota puede considerarse en realidad una victoria.

Hecho auspicioso

Al otro día conversé con Najdorf. Y me dijo:
- Ha jugado muy bien, Julio; pero estoy plenamente convencido de que la performance cumplida por él pueden repetirla conmigo, tanto Rossetto como vos. El ajedrez argentino ha progresado muchísimo. Ya lo verás en el próximo torneo de las naciones. Hay un entusiasmo nunca visto. Y en todas partes se juega ajedrez. Y se juega bien porque se juega con entusiasmo. Falta alguna experiencia teórica, pero ella llegará con el tiempo a medida que se les solucionen a los maestros los problemas de otro orden que les impiden dedicarse por completo a revelar los secretos de Caissa...
- ¿Conforme con tu actuación?
- No. Al principio jugué mal, pésimamente. Entré en variantes inferiores y llegué a posiciones en las que no me agradaría volver a estar. Entonces merecí perder; y fue cuando Julio, con todas las chances a su favor, se quedó esperando. Las tablas sucesivas, algunas cuando aún había mucho que hacer en el tablero, como lo señalaste más de una vez, me fueron salvando. Necesitaba reponerme. No hay que permitir esto jamás a un rival. Es como demorar un mate. Cuando me encontré a mí mismo, en las últimas partidas, "sabía", estaba plenamente convencido de que si la lucha se prolongaba, le iba a ganar. Y así fue.
- Cumpliste con tu promesa...
- Influyeron mucho en esta reacción el público, los amigos, los conocidos. Como soy popular, todo el mundo me preguntaba: "¿Qué le pasa, maestro?". Y yo no sabía qué contestar. Los hinchas no entienden de razones; ellos ven sólo un resultado. En el garage, en la peluquería, en el café, en el club, no podía moverme sin recibir ese pinchazo.
Es decir, que al maestro Najdorf no le estaba permitido perder. Me hice la promesa íntima de vencer..., y vencí. Necesité diez largas partidas para imponerme por la mínima diferencia -un punto- en un score de 5½ a 4½. Esta mínima diferencia que reflejan los guarismos es aún menor en un orden emocional, pues, como digo, sufrí tanto...
(La nota de la Revista "Mundo Deportivo" estaba firmada por Carlos E.Guimard. La foto es la misma que acompañaba la nota original, de 1949).

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