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Inforchess YearBook 2004

Rudolf Spielmann
Guía del sacrificio en ajedrez

Paul Morphy
Guía para jugadores de ataque
|
En
torno a la 10ª partida del Match Najdorf-Julio
Bolbochán,
por el XXVIII Campeonato Argentino, Buenos Aires, 1949 (Ver la partida)"Nunca sufrí tanto"...,
declara Najdorf al
retener el título
El rumor crecía como una ola, y al ascender
las escaleras llegaba a mí ya claro y nítido el
comentario de la multitud de aficionados que en el Club
Nueva Argentina seguían las alternativas vivaces de la
última partida del match por el título. La anterior, la
novena, declarada tablas, mantuvo el clima tenso.
- Najdorf jugó peón rey... ¡Juega a ganar!
- Pero sí, hombre. ¿No leíste sus declaraciones? Dijo
que estaba cansado de empates y que esta noche iba a
ganar.
En efecto. Yo también leí ese comentario; pero no es la
primera ni será la última vez que él anuncie su
próxima victoria. ¿Por qué lo hace? Le pregunté en
cierta oportunidad, y escuché esta respuesta lógica,
sensata: "¿Qué quieres que declare? ¿Que voy a
perder? Si no gano, mala suerte". Tiene toda la
razón del mundo; ocurre simplemente que no estamos
acostumbradoa a tanta franqueza, a ese volcarse de la
intimidad en gestos naturales; y Najdorf es así.

"¿Estoy
bien?"
Cuando conseguí ubicarme
cerca del tablero mural, alguien me sopló al oído:
- ¿Qué te parece... estoy bien? ¿Te gusta la partida?
Era él. ¿Qué contestarle?
- Sí..., estás muy bien. Me gusta tu partida.
- ¿Sabes que es la primevera vez en mi vida que juego un
Ruy López?
Puestas las manos en los bolsillos, sabiéndose admirado,
se abría paso entre el gentío, sin mayor dificultad.
Cada aficionado se desesperaba por cruzar una palabra,
por escuchar su comentario ligero. Pasé a la sala.
Muchos periodistas rodeaban la mesa en la que Julio
Bolbochán, imperturbable, meditaba su respuesta en una
posición muy complicada. El blanco, Najdorf, tenía esa
leve ventaja de la apertura: mayor agilidad de piezas.
Todo el juego se desarrollaba en el flanco dama; el
otro... como si no existiera. Fué justamente en ese
sector dama que minutos después, y mediante una movida
de alta factura -una jugada Najdorf diría él,-
consiguió el gran maestro ganar un peón. Su dama estaba
amenazada y tenía varias retiradas: una ofrecía las
perspectivas de ataque, la otra defendía manteniendo
latentes algunas amenazas y la tercera, esa que se vió
cuando él la ejecutó, era un retroceso de dama a uno
alfil rey que concretaba las aspiraciones de las
otras dos, pues ganaba el peón torre. Ocurrió de esa
manera. No cabía en sí de gozo cuando volvió a salir.
- ¿Y ahora gana, maestro? - le preguntó alguien.
- Tengo un peón de más, y con un peón más le gano a
cualquier jugador en el mundo.
¡Incorregible!
Reacción final
La partida comenzó a las
21, y se prolongó hasta las tres de la madrugada; pero
el número de espectadores se mantuvo hasta el final. Por
frente pasan tranvías; cada dos horas paraba uno, y el
"motorman" preguntaba a gritos:
- ¿Cómo van Najdorf y Bolbochán?
Sólo en el tercer viaje tuvo la respuesta. Casi lo mismo
hacían los agentes de policía de facción en las
inmediaciones. El teléfono no descansaba. Nunca vi tanto
entusiasmo por una partida de ajedrez. Mientras tanto, y
luego de cumplir las cuarenta movidas reglamentarias con
cierto apuro en el reloj, Najdorf mejoraba. El peón
torre estaba bloqueado por un caballo, y no
resultaba fácil la tarea de imponerlo; Bolbochán aún
tenía sus cosas. Y cuando vió que no podía quedarse a
la expectativa, decidió jugar el todo por el todo...
"Nunca sufrí
tanto"
No quedaban en el tablero
sino las torres, un caballo y cuatro contra tres peones.
Bolbochán entrevió un jaque perpetuo y sacó el caballo
bloqueador para sumarlo a la fuerza del ataque con las
torres. Más, Najdorf estaba alerta. Meditó la respuesta
y jugó tranquilamente su rey, evitando el jaque y
tendiendo a la vez una celada..., en la que su rival
"entró"; pero, digámoslo, entrara o no
entrara al jugarse la última carta, ya la suerte estaba
echada. Cuando el desafiante amenazó el perpetuo Najdorf
entregó la calidad cambiando torre por caballo. Luego se
veía claro, pues para evitar la coronación del peón
torre Bolbochán debía devolver calidad, y aún quedaba
éste en la séptima casilla como una espada de Damocles:
por eso el joven maestro tendió su mano a Najdorf
diciéndole:
- Lo felicito, ha ganado.
- Sí, gané; pero le aseguro, Julio, que jamás me
hicieron sufrir tanto en un match.
¿Hay palabras que traduzcan con mayor vigor un elogio
para la labor de Bolbochán que este reconocimiento del
propio Najdorf?
El público premió con aplausos el triunfo del gran
maestro. Muchas felicitaciones recibió también
Bolbochán, cuya derrota puede considerarse en realidad
una victoria.
Hecho auspicioso
Al otro día conversé con
Najdorf. Y me dijo:
- Ha jugado muy bien, Julio; pero estoy plenamente
convencido de que la performance cumplida por él pueden
repetirla conmigo, tanto Rossetto como vos. El ajedrez
argentino ha progresado muchísimo. Ya lo verás en el
próximo torneo de las naciones. Hay un entusiasmo nunca
visto. Y en todas partes se juega ajedrez. Y se juega
bien porque se juega con entusiasmo. Falta alguna
experiencia teórica, pero ella llegará con el tiempo a
medida que se les solucionen a los maestros los problemas
de otro orden que les impiden dedicarse por completo a
revelar los secretos de Caissa...
- ¿Conforme con tu actuación?
- No. Al principio jugué mal, pésimamente. Entré en
variantes inferiores y llegué a posiciones en las que no
me agradaría volver a estar. Entonces merecí perder; y
fue cuando Julio, con todas las chances a su favor, se
quedó esperando. Las tablas sucesivas, algunas cuando
aún había mucho que hacer en el tablero, como lo
señalaste más de una vez, me fueron salvando.
Necesitaba reponerme. No hay que permitir esto jamás a
un rival. Es como demorar un mate. Cuando me encontré a
mí mismo, en las últimas partidas, "sabía",
estaba plenamente convencido de que si la lucha se
prolongaba, le iba a ganar. Y así fue.
- Cumpliste con tu promesa...
- Influyeron mucho en esta reacción el público, los
amigos, los conocidos. Como soy popular, todo el mundo me
preguntaba: "¿Qué le pasa, maestro?". Y yo no
sabía qué contestar. Los hinchas no entienden de
razones; ellos ven sólo un resultado. En el garage, en
la peluquería, en el café, en el club, no podía
moverme sin recibir ese pinchazo.
Es decir, que al maestro Najdorf no le estaba permitido
perder. Me hice la promesa íntima de vencer..., y
vencí. Necesité diez largas partidas para imponerme por
la mínima diferencia -un punto- en un score de 5½ a
4½. Esta mínima diferencia que reflejan los guarismos
es aún menor en un orden emocional, pues, como digo,
sufrí tanto...
(La nota de la Revista "Mundo Deportivo" estaba
firmada por Carlos E.Guimard. La foto es la misma que
acompañaba la nota original, de 1949).
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