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Ajedrez a varias velocidades Cuando Garry Kasparov dio una entrevista después de ganar la Superfinal del Campeonato de Rusia 2004, manifestó que había sido agradable el volver a jugar al ritmo clásico de tiempo de reflexión; pero no obstante no se oponía al ritmo que la FIDE ha estado utilizando para sus torneos. Ya en la jugada 20 o 25 se encuentra uno en apuro de tiempo, pero el ajedrez se vuelve más dinámico. El acicate de tiempo ayuda a que no se hunda uno en riflexiones y evite el estar pensando durante la partida que tipo de comida quiere para la cena, o en los extraños gestos que el asere de al lado realiza mientras trata de encontrar como acomodarse en su silla, o ver que volao esta el afiche del torneo Carlos Torre, mientras hace cuentas cuanto se embolsó Ivanchuk por minuto en su debut en tierra maya. A veces el correr del reloj nos ayuda a interrumpir a aquel conversante que inició la plática con el A mi no crean, pero . antes de soltar el chisme de la ronda; así uno puede decir: disculpame social, pero ya me echaron a andar el reloj Y en el caminar de una pata mas corta que la otra, nuestro verdugo análogo nos obliga a sentarnos, mientras dejamos en alguna parte de la ventana del patio aledaño al salón de ajedrez, un habano que nos dice: Ve, anda, pero regresa pronto. El ajedrez puede ser jugado a varias velocidades, y no necesariamente las más lentas garantizan la mayor calidad en las partidas. Abundan las miniaturas y pequeños desastres en el ajedrez por correspondencia. Un columnista de la revista Chess Life, Alex Dunne, continuamente presenta colecciones de tales traspiés postales. En el archivo adjunto el lector podrá observar unos cuantos ejemplos. A pesar del surgimiento del email, el ajedrez de sello postal y sobre, ha podido subsistir. No falta un bromista que sugiere que el ascenso de algún jugador en el ranking postal es directamente proporcional a la cantidad de dinero que invierte en computación. En el pueblito que vivo, el ajedrecista que tiene más dinero ha ganado muchas partidas postales, pero jura que nada tienen que ver sus continuos viajes a las tiendas de informática. Los evangelistas del ajedrez normalmente son más osados que los ajedrecistas de partidas vivas, ya que se atreven a utilizar viejos gambitos y entrar a grandes complicaciones tácticas. En los tiempos de la abuela, cuando Mr. Ordenador no había nacido, destacaban en partidas agudas los practicantes del juego mercuriano postal, como Paul Keres, amo de las cartas (no los naipes) y del turismo ajedrecístico; único practicante del rito de Caissa que dejo su efigie estampada en papel moneda, espacio normalmente ocupado por retratos de patriotas. Ya me imagino llegar a un bar de Estonia, pedir una buena mesa y diciendo,traigo la recomendación de un buen amigo y cuando el mesero pregunte ¿quién? contestarle: Paul Keres y mostrarle el billete. En Nueva York uno puede usar el mismo método, pero a veces Andrew Jackson es insuficiente y algunos meseros piden la recomendación de Benjamin Franklin, lo que es un abuso. Me recuerdo aquellos buenos tiempos en La Habana en que con la recomendación de Camilo Cienfuegos (los billetes de 20 pesos tenían su retrato), le daban una buena mesa en el Tropicana. Uno es viejo, pero viejo de verdad, como diría Fausto Miranda si recuerda aquellos años setentas. Ahora, sin la recomendación de un verde Franklin, en el Paraíso bajo las estrellas lo pueden poner cerca de los sanitarios Otra velocidad usual en ajedrez es la de media hora por jugador; no tan rápida como la usual de Blitz, pero muy favorecida por aquellos almendros que ya no corren como antes, pero gustan de las emociones fuertes. Desde que entre a la edad cercana al medio siglo fui asiduo concurrente de esos torneos, solo para descubrir que en algunas partidas o me sobraba tiempo o me faltaba. Lo curioso es que algunos jugadores de segunda fuerza se despliegan con gran calidad en ese ritmo, lo que pudiera tomarse como indicador de que en las partidas de torneos formales debiera irles mejor si se armaran de una decisión más firme o una mayor seguridad en si mismos. Tal vez cuando cuentan con más tiempo, tienen mayor vulnerabilidad a que les asalten las dudas sobre sus propias ideas y los temores crezcan. Como el miedo tiene ojos grandes, ven amenazas donde no las hay y terminan escogiendo la jugada más estólida y no dan rienda suelta a su talento, mientras que con el tiempo más corto, se obligan a lanzarse y ya sabemos que la Fortuna ayuda a los audaces. Esta modalidad tuvo como antecedente primero la de la modalidad a 45 minutos, muy preconizada por Bronstein en la URSS. En el archivo adjunto coloqué algunas partidas de uno de los primeros torneos en la URSS jugados a 45 minutos por jugador con la participación de grandes maestros y ahí podemos ver encuentros emotivos, interesantes y de buena calidad. Una variedad más, sin llegar a blitz total, es el partidas a siete minutos. Elegí escribir de esta modalidad como pretexto para presentar unas partidas del insigne Gran Maestro Miguel Najdorf, que espero no sean muy conocidas por los lectores iberoamericanos y que pudieran agregarse a la colección de partidas poco conocidas del líder espiritual del ajedrez argentino llegado de otras tierras (considero que el líder espiritual más clásico es Roberto Grau). Las partidas son de un match que jugó Najdorf con el maestro internacional Michael Valvo en 1968, donde el genial argentino jugaba dando un momio de 10 a 1 al norteamericano. Pero según dice el cronista Sam Sloan, Najdorf ganó 17 partidas al hilo. Según Sloan, registró 13 de esas partidas, pero a la posteridad sólo nos llegan 6, que presento y que parecen muy interesantes, sobre todo las tres en que Najdorf jugaba negras, que me parecieron muy instructivas demostraciones de él que fuera uno de los principales corífeos de la India de Rey. Para terminar, hay que hablar del ajedrez Blitz, ajedrez a cinco minutos por jugador, y que sin duda es la velocidad de más popularidad entre los que juegan ajedrez como si fuera poker. En esa velocidad destacaron grandes campeones como Capablanca, Tal, Karpov y Fischer. En el archivo adjunto, no podría faltar Fischer. Exceptuando las partidas de Fischer, el criterio que seguí para estas colecciones de varias velocidades era elegir partidas poco conocidas y que en las grandes bases de datos de tres millones de partidas no se encontrasen. El Blitz me trae buenos recuerdos de juventud y quisiera decir, como el Gran Maestro Lexy Ortega, camagüeyano que reside en la tierra de los césares: ¡Hambre es lo que he pasado yo en esto!. IM Raúl Ocampo Vargas Esta nota se publica completa en
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