Home/InicioTodas nuestras tiendasTienda de AjedrezTienda Juegos y Juguetes DivertidosTienda de FitnessSoftware Inforchess
Aprender AjedrezNoticias AjedrezNovedades en AjedrezColumnistasClub LectoresLinksF.A.Q. Añadir a favoritos

 

 

Bibliografía de Rescate.

 por el IM Raúl Ocampo Vargas

 

 

 

Entre las muchas cosas que los iberoamericanos tenemos que reconocer a nuestros antepasados de origen árabe, está la transmisión de muchos de los textos griegos y latinos que se conservaron para ser conocidos en la Europa de la Alta Edad Media y que se hubieran perdido para la cultura occidental tras la caída del Imperio Romano de Occidente. Tal vez, sin las universidades del Andaluz no sabríamos de Homero, Plutarco o Ipatia, o del mismo Pitágoras. No podríamos escuchar la música de las esferas y la sabiduría de Alejandría no resonaría en las universidades de Gotinga o la nórdica Estocolmo.

En el ajedrez se ha realizado una labor subterránea de rescate de muchos textos perdidos que hay que preservar para la posteridad venciendo obstáculos de tiempo e idioma. Libros en castellano como el de “Legado” sobre las clases de Alekhine a Pomar, o “Enigmas” de Andrés Clemente Vázquez, tuvieron tirajes tan menores que, durante muchos años muy pocos lectores y unos cuantos ratones de biblioteca los conocían. Pero de alguna forma fueron capturados por la magia digital y se unen en el ciberespacio con las imágenes de la edición original del maestro de Zafra, el insigne Ruy López, orgullo de Extremadura y de la América Nuestra toda.

Pequeñas obras de enorme sabiduría, vieron su luz en ediciones muy limitadas y en idiomas singulares, sin que los traductores las tomasen en cuenta y se pudieron perder para la gran parte del mundo que no entiende el idioma original en que fueron escritas y que además, al ser de tirajes inferiores al millar, por mucho tiempo no fueron asequibles para los cientos de miles de potenciales lectores interesados.

Hay libros que cambiaron al mundo, hay capítulos que influyeron en generaciones, hay hojas que tuvieron impacto en países y hay frases que marcan ciudades.

Cuando Lincoln, se cuenta, dio un discurso tan conmovedor como el de Gettysburg, los periodistas que debieron llevar el registro de sus palabras, sintieron la emoción transmitida y absortos no lo anotaron. Tuvieron que hacer un esfuerzo especial para recordar las palabras y reportar el discurso como tuvo lugar, ya que la preparación escrita de Don Abraham fue rebasada por la facilidad de improvisación para el orador de Illinois y se salió de su propio guión. Si no se hubiera hecho un rescate adecuado, nunca conoceríamos en realidad como Lincoln se expreso en ese lugar fertilizado por tanta sangre hermana.

Imagínense, en México, si no se hubieran registrado la sentencia del Benemérito de las Américas, Benito Pablo Juárez García: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”

Frases, hojas, capítulos y libros tienen, como creaciones humanas, derecho a ser evaluadas por la historia y hay cierta responsabilidad de tratar de preservar para el futuro esta posibilidad.

Ya muchos incendios, como el de la biblioteca de Alejandría, o las teatrales quemazones de libros que hizo gente como el Obispo de Landa, Torquemada, o las quemazones de gente como las que le hicieron a Savoranola, o las quemazones que animales hicieron bajo los influjos de Hitler, o personas que se quemaron incendiando el Parián, que casi hace perder el Archivo Histórico de la Nación Mexicana; han contribuido a que mucho de la creación humana se haya perdido para siempre. Y aunque algunos estuviéramos dispuestos a convertirnos en libros vivientes como en la novela de Fahreneit, para guardar en nuestra memoria los textos que merecen ser inmortales, ya contamos con la memoria cibernética de la súper red de la información. En algún lugar de la red están los textos más raros y más peculiares de la bibliografía. Por allí andan los libros de ajedrez que sólo alcanzaron un tiraje de 100 ejemplares y son leyendas que ocultan enseñanzas que pueden ser cruciales para un niño ajedrecista que nacerá en el bicentenario de Capablanca.

Así como Romanovsky atesoraba un libro de Dufresne, es posible que un niño alemán atesore ahora un libro de Romanovsky.

Por ahí se cuenta que el GM Carlos Torre Repetto vio afectada su salud por el esfuerzo de traducir del alemán el libro “Manual de Ajedrez” de su ilustre victima consagratoria, el Dr. Emanuel Lasker.

Varias de las obras más famosas del ajedrez, como “Maestros del Tablero”• de Reti y el de “Ultimas lecciones” de Capablanca, fueron obras rescatadas por los amigos de ellos para ser publicadas post mortem para beneficio de sus viudas. Se supone que alguien rescató notas perdidas, las reconstruyo y se publicaron. Fue como sucedió con aquellas versiones de la Biblia que pasaban del Arameo al griego, de ahí al latín vulgar, luego al árabe, luego otra vez a un nuevo latín vulgar, luego a idiomas latinos y sin una Exégesis cuidadosa, ya se puede discutir si Juan era Juan el Menor, Juan el Ermitaño, o Juan de Jerusalem o quizás un Yuan o tal vez nunca sabremos si Judas era Judas el sicario, o el de Iscariot, o simplemente aguantarnos con aquello de Iscariote.

Ya comenté sobre la mala traducción de la versión de Aguilera de “Mi Sistema” con aquello del avance “restringido” con lo del avance “restringiendo”. Todavía recuerdo ver una edición “mejorada” de “Fundamentos del Ajedrez” de Capablanca, que el GM Nick Defirmian le suprimió algunas partidas del cubano para sustituirlas con algunas modernas. Era como pintarle bigotes modernos a la Mona Lisa.

Después de leer una versión del docto Arnoldo Ellerman, de la traducción del inglés del libro del GM Carlos Torre, “El Desarrollo de la Habilidad en Ajedrez”, publicada en la Argentina en 1956, me fui a la fuente original rusa de 1926, para tratar de sacar la versión más apegada a lo que escribió Torre, que por cierto mencionó en su escrito a otro literato ruso como colaborador, en lugar del Maestro Rockhlin, que fue realmente quien lo ayudó a redactar la versión original en ruso, como el mismo Torre me lo expresó en 1975 y fue confirmado con los manuscritos de propia mano de Torre que la hija de Rockhlin me hizo llegar hace poco más de un lustro y coincidía la letra con la de unas cartas que Torre escribió al Dr. Germán de la Cruz desde su morada final en Cupules y Reforma en Mérida, Yucatán; y otras que dio a Carlos Manzur desde su anterior domicilio en los edificios “•Cordemex” de la misma Mérida, donde vivió con su hermana y su cuñado hasta el fallecimiento de este último y Torre tuvo que irse a residir al asilo en Cupules, donde unas religiosas me mostraron otros manuscritos con la misma letra, del afamado maestro, escritos en sus últimos días y que no pudo hacer llegar a su amigo Germán. Desgraciadamente no hubo forma de convencer a la madre superiora que esa carta debía llegar a su destinatario.

Por razones desconocidas, Torre le dio más crédito al Profr. Konstantinov, que más bien fue gestor de que a Torre le pagaran el libro, más que colaborador en la redacción. La falta de reconocimiento a Rockhlin, lo resintió su hija, a la que Torre quiso desagraviar en una carta sentida, que fue, por cierto, muy difícil de traducir…

El caso es que los rescates son necesarios y más necesarios sus traducciones.

Cuando decidí hacer la serie de videos “Los Magos de Riga” dedicados originalmente a Koblentz, Tahl y Gipslis, fue inevitable meterme a investigar los trabajos de Mattison, Nimzovich, Vitolinsh, Kengis, Smit y Petrov, también originarios de Riga, como el mismo Shirov.

De ahí examine libros pequeños y poco conocidos , siendo algunos, como los de Petrov, retirados de circulación por razones políticas. A veces situaciones extrañas “enlatan” un libro, como le ha pasado a algunas películas, que luego andan por ahí extraviadas, como la de “Capablanca” en Cuba.

Un libro pequeño, pero notable, como el de Torre, es el de Nimzovich “Como llegue a ser gran maestro”, editado en ruso en 1929, con el número 5 de Shajmatny Listok. Publicado sólo en extractos en ingles por Raymond Keene y más recientemente por Pojarsky, y citado en español por Suetin en “Laboratorio de un Ajedrecista” de editorial escaques, no ha aparecido traducido completo, con sus 64 páginas, en castellano u otro idioma en base a su versión original en ruso que mencioné. No resistí la tentación y lo traduje como el de Torre.

Por muchas razones, excepto por su brevedad, me gusta más este pequeño libro que los de “Mi Sistema”, o la “Práctica de Mi Sistema”, aunque ahí se iguala, con cierta ventaja, al libro “El Bloqueo” que también traduje al español hace unos seis años, y me recordó al de notas de Kostich de sus clases en México, que he tratado, con derrotas y victorias, del serbio, pero que por lo voluminoso, no se para cuando lo terminaré, pues mi interés sobre los temas es muy variable y a menudo me enfada la tarea y la postergo, dando prioridad a otras traducciones y a la preparación de clases y videos, pero algún día publicaré las famosas notas de Kostich.

El libro de Nimzovich da algunos consejos muy valiosos, pero la afirmación más importante del mago de Riga, la señalo Suetin en su libro “Laboratorio”, el concepto de “radiación” del estudio, aquello de que estudiar con consciencia un final de peones nos ayuda a mejorar la manera de jugar una apertura, por los efectos “radioactivos” del estudio. Concepto interesante y actualmente aceptados por los Paradigmas de la Psicología Educativa, a partir de 1969, 40 años después de que fue escrito el libro de Nimzovich, aunque Vigotsky, que conocía y estudio el “Como llegue a Gran Maestro” de Nimzovich, también resaltó esta idea nimzoviana de la educación, que bautizó con el nombre de “efecto de Nimzovich”

Lev Simeonovich Vigotsky, el non plus ultra de la psicología para los especialistas en la actualidad, comentaba que Aaron Isaevich Nimzovich, planteaba varios conceptos novedosos dentro de la educación: la importancia de extraer la “hojarasca” de los estudios, como las frasecitas en latín de las clases de Derecho que él había observado en las facultades de Leyes occidentales, aunque por ahí suelta una favorita de discendo discimus (enseñando aprendemos), resaltando solo lo relevante, y la idea de la radiación del estudio, que es más importante estudiar profundamente, muy profundamente un tema, que tocar levemente muchos temas. El efecto de estudiar profundamente un tema, creara un sentido de la posición, que tendrá influencia sobre todos los temas. O sea que hay que estudiar solo lo relevante, pero ese relevante con gran intensidad. A ambos los unía la tradición familiar del estudio profundo de la Torah, en los yeshiva, como buenos judíos rusos y en eso también había que considerar a Akiba Kivelevich Rubinstein y a Georgy Solomonovich Salwe, quien tenían esa formación inquisitiva y que crearon paradigmas al ser antiparadigmáticos.

Curiosamente, el libro de 1929 se siente escrito por Nimzovich para un público soviético, y se queja de las instituciones educativas “burguesas” occidentales, pero tras las disputas por Letonia entre los bolcheviques y los ejércitos irregulares alemanes que veían en Letonia un territorio naturalmente teutón y querían alejarla de Rusia, Nimzovich, cruza el mar y emigra a la cercana Dinamarca, donde vivirá en un pequeño cuarto rentado desde 1922 a 1934, siendo sus años más productivos el período de 1925 a 1931, donde comienza a estar enfermo. Jugará en Zurich 1934, tras dos años de inactividad, pero ya cerca de su muerte a los 48 años.

En el libro de 1929, describe su desarrollo desde 1904, que se interrumpió en 1914 por la gran guerra mundial, lo que por seis años, hasta 1920, le impide jugar en torneos, hasta 1929, aunque en su libro la partida más reciente es una jugada en 1923 contra Samisch en Copenhague, ya que la mayoría de las partidas son de los años 1905 y 1906, años vitales de su desarrollo y en las que Aaron Isaevich tenía solo 20 años (nació en 1886). En el mismo paquete de libros de esa época, me encontré con el de “Celadas y Combinaciones” de Sozin, notable también y que agregue a mis aventuras de traductor. Los demás, como “La apertura moderna 1.d4” de Bogoljubov, que fue publicado por editorial Grabo (fundada por Roberto Grau) en español; y “Lo que debe saber sobre Aperturas” de Romanovsky, también publicado en español por una editorial de la Argentina, como el de “Notas de una ajedrecista” de Iljin Genevsky, traducido al inglés y que circula mucho por el internet, dejaba sólo de esa colección al libro de Bogartichuk, “Lucha por el Campeonato Mundial”, como candidato a ser traducido en el futuro. Esta serie de “Biblioteca del Ajedrecista” de Shajmatny Listok, era notable, con precios de 12 libros por dos rublos y medio, que según cálculos era como 6 dólares actuales, pues los libros en la URSS casi se regalaban. La tipográfica se llamaba “Gaceta Roja” y estaba situada en Leningrado (antes y ahora San Petersbugo, “Piter”) en la calle Fontanka, número 57. Por cierto que el tiraje fue nada menos de 8 500 ejemplares, que para los standares de la URSS no era mucho, pero que para los de ahora, de editoriales de ajedrez en San Petersburgo, sería elevadísimo, pues los mejores de Kasparov tienen tirajes actuales sobre 5000 ejemplares como promedio. Claro que la “magia” del Internet hace que haya millones de lectores rusos con su ejemplar de un libro de Kasparov.

Por cierto que en este mes la policía cibernética rusa hizo una “zafra” de sitios webs que en ruso difundían todo tipo de libros y programas de ajedrez, causando que los sitios de “ru” de Rusia, cambiasen terminaciones a “ws”, que entiendo es Samoa Occidental (West Samoa), para no eliminar, sino sólo encarecer un poco los costos de los enlaces.

Del libro de Nimzovich puedo decir que es sumamente instructivo y que de todos los que poseen títulos semejantes (esos de “Como llegue a ser Camaney”, por el GM Camaján) es de los más sinceros e ilustrativos. Tiene descripciones como las de Kotov en sus “Apuntes de un Ajedrecista”, partidas ilustrativas como las de Capablanca en “Fundamentos”, como las que cercenó DeFirmian, y como obra de rescate, mi esperanza es que circule de tal manera que ya no se pierda para la posteridad. Podría decir como Antonio Machado “Ni un Lope de Vega, ni un Cervantes he sido, ya conocéis mi torpe redactar rudimentario, pero acertó la flecha que me lanzó Ovidio, y escribí cuanto los libros tienen para ser traducidos. Y al fin y al cabo, nada os debo, me debéis cuanto he rescatado, mi dinero no alcanza para pagar la mansión que habito y mucho menos el lecho donde yago. Ya pronto partiré para el viaje sin regreso, ligero de equipaje, como buen viajero, con la satisfacción de una pequeña huella dejada en las bibliotecas de la posteridad”

 

 En México, a 17 de Junio del 2010