Home/InicioTodas nuestras tiendasTienda de AjedrezTienda Juegos y Juguetes DivertidosTienda de FitnessSoftware Inforchess
Aprender AjedrezNoticias AjedrezNovedades en AjedrezColumnistasClub LectoresLinksF.A.Q. Añadir a favoritos

 

 

Aprender haciendo y la tendencia bibliográfica.

 por el IM Raúl Ocampo Vargas

 

 

 

 

Recientemente el expresidente Cesar Gaviria Trujillo dio una conferencia magistral en México donde abordó varios temas, algunos relacionados con la compleja situación por la que atraviesa México actualmente y que es semejante a la que Colombia vivió en la época del régimen de Gaviria Trujillo, en la que el narcoterrorismo situaba a un país al borde de la ingobernabilidad.

 El tema de la educación lo manejaba el expresidente Gaviria como la clave para todo, como el camino único para la superación de un país, como lo es para los individuos. Pero una educación que produjera personal capacitado especializado con conocimientos relevantes y que levantaran la productividad, que supieran hacer y crear. Cambios en todos los programas de estudio para que los escolares aprendieran lo que realmente les servirá, no trivias y material irrelevante que nada tendrá que ver con lo que enfrentarán en el campo laboral. Con inversión inferior a la tercera parte del promedio de países como Argentina, Chile y Colombia; México tiene pocas perspectivas de no ver disminuida gradualmente su competitividad.

Viene a caso todo lo anterior en la afirmación que lo importante es saber hacer y estudiar lo relevante. En eso se basaba la escuela soviética de ajedrez, en seleccionar lo relevante y crear planes de estudio adecuados a lo que será la práctica de un escolar cuando se convierta en competidor en eventos importantes de ajedrez. Preparar con lo adecuado para el futuro, con enseñanzas relevantes y oportunas. Conocimiento bien seleccionado, transmitido de manera eficaz, en el momento adecuado y sobre todo con una metodología que facilite la aplicación del conocimiento a la tarea cotidiana de competir en ajedrez. Todo con una economía, con dosis exactas en la periodicidad exacta, con una precisión derivada de décadas de prueba y error, de continuo intercambio y debate en entrenadores de primer nivel.

En todo el ambiente educativo e incluso en el ambiente de la capacitación laboral, se reconoce cada vez más algo que en la escuela soviética de ajedrez era norma, el aprender haciendo. La continua publicación de manuales de instrucción basados en ejercicios era una marca de la bibliografía soviética, con libros como los “Praktikum” de Neishtadt, los libros de mil posiciones con ejercicios de las series de entrenadores como los Dreev (padre y madre del GM Dreev) los Slavin (padre y madre de la GM Slavina), los de Pojarsky (ya en la era rusa post soviética), los vademecums de posiciones tácticas de muchos otros entrenadores soviéticos y de Hungría (como los de Lazlo Polgar, padre de las GM Sofía, Judith y Susana; y los de Nagesy Heigi), o de Servia, como los publicados por la editorial Informant, o los de Koblenz publicados en Riga y Alemania, o los recientes de Yusupov, consistentes en panfletos con unas 4 hojas de explicación y 10 de ejercicios con 2 de soluciones.

La tendencia bibliográfica en ese sentido continua en esa segunda década del siglo XXI, con los libros de Volokitin, como el Manual de Autoestudio para Niños Maravilla, que es una colección programada de ejercicios o los cuadernos “Steps” con ejercicios para ir llevando, por medio de ejercicios más que de conceptos, a un jugador desde 0 hasta 2000 de rating.

¿Se puede aprender a jugar bien ajedrez a base de solamente resolver ejercicios? Bueno, lo que si es seguro es que no se puede aprender a jugar bien ajedrez sin realizar, o más bien resolver, cientos de ejercicios. 100 o más ejercicios de resolver posiciones se requiere realizar, por lo menos, cada semana.

Se contaba como “El secreto de Capablanca”, que resolvió a los 14 años un libro de C. Tattersall de 1200 finales en una semana, y devoró todos los ejercicios de finales de Harrwitz en otra semana. Según Manuel Márquez Sterling Loret de Mola, quien fuera campeón de ajedrez de México a finales de siglo, embajador de Cuba en México en 1913 (Cuba nació como estado independiente en 1902, y Don Manuel, nacido en Lima, era cubano nacido en la embajada de Cuba revolucionaria en exilio y radicó muchos años en México), para ser Presidente de Cuba en muy breves momentos, y autor de muchos libros, además de la primera Revista Mexicana de Ajedrez, la gran habilidad de Capablanca era producto de haber analizado y resuelto miles de finales, gracias los libros de las grandes colecciones de los magnates de la sacarocracia cubana, a quienes les maravillaba la facilidad para resolver que tenía el joven escolar. Uno de esos magnates decidió becarlo para que estudiara para ingeniero azucarero en la Universidad de Columbia, con la condición de que a su regreso, tras su graduación, trabajase para su compañía; pero la “beca” fue suspendida cuando el joven Capablanca comenzó a ganar torneos de ajedrez y se realizó su primera gira de simultaneas por la nación americana. Nada importaban las buenas calificaciones y el cumplimiento en la universidad. El magnate estaba claro, Capablanca jamás trabajaría en un ingenio azucarero.

Otro que subió como la espuma resolviendo cientos de posiciones, fue otro inmigrante en los Estados Unidos, Carlos Torre Repetto que saliera de su natal Mérida, México; a los 8 años, casi sin conocerla, y que trató de abrirse paso como analista y comentarista en la revista “American Chess Bulletin”. Muchas posicione tuvo que checar de los finales a publicar en la revista, y muchas partidas examinar para hacer comentarios, checar referencias de aperturas en la biblioteca de Herman Helms. Más que clases, Torre aprendió por la continua práctica en los análisis. Así ganó lo que se consideraba el Campeonato Abierto de Ajedrez de los Estados Unidos, el Campeonato de la Western Association, y con eso obtuvo la invitación, con Marshall, Campeón de Estados Unidos “en matches”, del Dr. Tarrasch para participar en Alemania en magno torneo internacional. Luego aprovecho el viaje para jugar otro (Baden-Baden y Marienbad fueron esos torneos), y luego los rusos lo invitaron a Moscú a jugar en el primer Torneo Internacional de Ajedrez organizado por el régimen comunista, y de hecho el primer evento deportivo internacional realizado en la URSS. Torre, contra el agrado de sus primeros patrocinadores norteamericanos, se fue a la tierra de Lenin y se mantuvo allá muchos meses, para algunos, demasiados. De ahí, regreso a América a conocer su país natal, donde, junto a un viaje más a los Estados Unidos, terminaría su vida de emigrante, y de competidor internacional de ajedrez; pero no sin antes mostrar su grandeza en su duelo con los tres grandes: perdió ante Alekhine, empató con Capablanca y venció a Emanuel Lasker, todo antes de cumplir 21 años.

Es curioso, Torre vivió en Mérida hasta los 8 años, regresó a ella después de los 64 y murió a los 74, o sea vivió sólo 18 años en su ciudad natal. Fue un trashumante más de 50 años. Solo un año de ellos lo dedicó a competir en ajedrez internacional y aún así dejo profunda huella, como Morphy, que nació en Nueva Orleans, la ciudad en que más años viviese Carlos Torre, 12 años continuos, aparte de los 18 vividos en Mérida, aunque en dos etapas, la de la primera infancia y la última infancia, la ancianidad.

Petrosian, Tahl y Spassy tienen historias similares. En los años entre 1940 y 1945 no había escuelas de ajedrez, pero si muchos cuadernos de ejercicios para resolver, y ya para el año de 1946 sus nombres comenzaban a figurar para ser las estrellas de la década de los 1950 hasta los 1990, hasta su muerte, siendo Spassky, junto con Korchnoi los actuales testimonios de una época de grandezas.

¿Qué decir de Fischer? El caso es que ese resolver posiciones, desde libros o programas informáticos es la receta efectiva.

Averbach hablaba del método por comparación. Después de jugar un final determinado, con oponente humano o computadora; tomar uno de esos grandes volúmenes de colecciones de finales de los libros de Averbach y comparar el final que jugamos con uno similar jugado por grandes maestros y examinar diferencias comparando la manera de jugarlo por nosotros con la manera de los grandes maestros. Así dice Averbach que muchos han aprendido finales en Rusia.

Es lo mismo que tomar un final de un libro, tratar de ver que pasaría en esa posición, “jugarlo” analizando las variantes y luego ver como se jugó realmente. Casi es igual si ponemos tanto empeño como en una partida de ajedrez de torneo. El caso es tener la imaginación suficiente para suponernos en un torneo y resolver la posición con verdadero ahínco. Aprender, haciendo.

 

 

 En México, a 21 de Abril del 2010