Transferencias y Ajedrez

 

 Por MI Raúl Ocampo Vargas.

 

 

 

 

 

Decía Botvinnik que su secreto para alcanzar y mantener su alto nivel de ajedrez a pesar de ocuparse en otras disciplinas demandantes de su actividad diaria como ingeniero era que todo lo que aprendía y desarrollaba en ajedrez lo aplicaba, lo transfería, en la ingeniería y todo lo que aprendía y desarrollaba en la ingeniería lo transfería al ajedrez. Para Botvinnik el ajedrez no era meramente un juego sino una forma de vida. Una forma de ser integral.

Muchas veces un padre me afirma: “No me interesa si mi hijo logra la excelencia en ajedrez y llegue a ser maestro, lo que quiero es que su experiencia en ajedrez y su habilidad le sea útil en otros campos de su vida”.

Recientemente estuve leyendo una colección de artículos sobre la Toma de Decisiones. No era un libro de ajedrez pero me pareció sumamente útil para enseñar como debieran tomarse las decisiones en una partida de ajedrez.

En particular el modelo del Ejército de Suecia de la Planeación bajo presión de tiempo (PUT) descrito por Peter Thunholm del Colegio Nacional de Defensa de Suecia me pareció particularmente útil para clarificar algunos conceptos sobre planeación expresados en el libro del GM Chejov de Preparación para jugadores de Primera Fuerza de Ajedrez y otros descritos por el MI Dydishko en su libro “Lógica Contemporánea de Ajedrez”.

En su tiempo los libros de Clausewitz, el preceptor prusiano de la estrategia militar, fueron muy consultados por Steinitz, para su teoría de la planeación en ajedrez, y se dice que incluso Napoleón Bonaparte aprendió mucho de las teorías estratégicas de Andrés Danican “Philidor”, el mejor jugador de ajedrez del mundo de finales del siglo XVIII.

Por esas transferencias a menudo recomiendo a ajedrecistas libros que no tratan específicamente de ajedrez pero son sumamente útiles para el desarrollo de un ajedrecista.

Como coach y entrenador, me he estudiado lo que han escrito los grandes entrenadores de otros deportes, ya sea basquetbol, futbol americano o soccer. Por supuesto he coleccionado, y estudiado, cuanto libro sobre psicología del deporte puedo, aunque sean escritos para otros deportes. Lo mismo digo sobre motivación y autoevaluación, aspectos fundamentales para ser entrenador. No importa que lo haya escrito un entrenador de hockey sobre hielo o el GM Krogius.

Para el psicólogo Skinner, la transferencia es el incremento en la probabilidad donde pueden ocurrir determinadas respuestas en el futuro. El problema de inducir la transferencia se reduce a lo siguiente: ¿cómo dosificar los refuerzos para mantener una conducta que propicie, a su vez, un comportamiento constructivo en el futuro?

Para los psicólogos cognoscitivos, la transferencia se produce a causa de similitudes perceptuales entre situaciones y en forma de generalizaciones, conceptos o intuiciones que se desarrollan en una situación y que pueden ser aplicables en otra.

¿Cómo aprovechar lo que estudiamos o experimentamos en ajedrez para aplicarlo a otros aspectos de la vida? ¿Cómo aplicamos lo que estudiamos o experimentamos en otros aspectos de la vida al ajedrez?

La transferencia sólo puede ocurrir si existen las bases psicológicas para ella. La pregunta ya no es si existe o no transferencia del ajedrez a otros campos de la actividad humana, sino cuáles son las condiciones que la producen en un mayor grado. Uno de los caminos para encontrar respuestas a esta pregunta es, por supuesto, la investigación empírica.

Afortunadamente durante setenta años de la existencia de la URSS se dieron las condiciones favorables para todo tipo de investigaciones empíricas relacionadas con el ajedrez y a mi me ha requerido sólo hacerla de recopilador para tomar la información relevante.

Podemos decir, entonces, que la transferencia ocurre cuando lo que se aprende en una situación que facilita (o inhibe) el aprendizaje o desempeño en otras situaciones.

Ya expresé que nadie duda de la existencia de la transferencia, pues si se descartara esa transferencia del conocimiento no se justificaría la enseñanza y, con ello, la existencia de las instituciones educativas, pues se haría indispensable la dotación específica de cada habilidad o concepto que un estudiante podría llegar a necesitar algún día -y esto es prácticamente imposible.

Sería como si tuviéramos que analizar cada posición específica primero para jugar ajedrez bien. No es así. Con la experiencia de los maestros del pasado, generalizamos, establecemos patrones a partir de experiencias especificas y luego aplicamos esas generalizaciones a casos específicos, ajustando, adaptando esas generalizaciones, pues lo específico, como el ajedrez nos enseña constantemente, es el amo.

Una vez sabido que la transferencia del aprendizaje tiene mayúscula importancia para la educación, surge la pregunta: ¿qué es lo que se puede transferir? Esto podemos contestarlo en forma categórica: Transferible es todo lo que se puede aprender.

Ahora bien, no solo se aprenden conocimientos, sino actitudes y yo iría más allá, habilidades.

¿Aprender habilidades? Por supuesto no me voy a meter en discusiones semánticas, pero las habilidades se desarrollan, y al desarrollarlas se “aprenden”, en la acepción más amplia del termino aprender.

Si nos atrevemos a fomentar el ajedrez entre los niños de edad temprana es que tenemos la seguridad de las diversas transferencias, no solo de conocimientos, sino de habilidades y actitudes, finalmente de lo más importante: carácter.

Un padre nos dice: " Yo quiero que mi hijo sea un buen ajedrecista ",  y es un deseo justo, pero no único, decía yo antes. Pero es innegable que por encima de esto, lo que todo padre desea es que su hijo sea un individuo sano física y psíquicamente. Armonioso,  con un pleno desarrollo integral, desarrollo de sus capacidades y emociones, que logre adquirir una personalidad independiente y equilibrada

Padres, directores de escuela suelen preguntar ante la propuesta de que sus hijos practiquen ajedrez de manera organizada: ¿Puede la práctica del ajedrez contribuir a estos altos fines? Si mi respuesta es positiva, sigue la siguiente pregunta, ¿cuáles son las características del ajedrez que le otorgan tal valor pedagógico? ¿Sobre qué procesos y formaciones psicológicas influye con mas fuerza?.

Siempre que uno hace la oferta del ajedrez a una escuela tiene que tener muy clara esas respuestas. Por otro lado tanto se escribe de ello que basta un breve chapuzón al Internet para extraer cientos de argumentos.

Existe la ventaja de que el ajedrez es considerado una escuela del intelecto, incluso por aquellos que no lo conocen sino por referencia.

La práctica organizada y deliberada del ajedrez contribuye al desarrollo de las facultades intelectuales del individuo. Gracias a ella se agiliza y fortalece la memoria. La continuidad de los cambios que se producen en el tablero, así como la obligación de calcular o estimar toda posibilidad, favorecen el incremento de la atención. Se ha observado que la disminución de la distracción en muchos niños y adolescentes coincide con el inicio de su afición por el ajedrez.

Pero indudablemente, el ajedrez alcanza su mayor y más interesante influencia (desde el punto de vista intelectual) en el razonamiento y en la inteligencia emocional.

Un ajedrecista analiza diferentes partidas de un determinado sistema de aperturas o de una posición típica del medio juego y va identificando los elementos más generales de estas posiciones, sus patrones. En la partida viva esta generalización conduce a la elección de una alternativa de conducta (un plan, una variante) en función de las características de la posición, en función de las “demandas” de la posición, diría Steinitz.

Es el transferir la solución de un problema ya conocido a otro similar en condiciones diferentes. Claro que para trasladar correctamente la solución de un problema a otro es necesario descubrir lo sustancialmente general existente entre ellos, así como identificar sus diferencias para adaptarlo.

En esta continua transferencia interna del ajedrez se forman los hábitos y capacidades para hacer transferencias desde el ajedrez a otras esferas de actividad.

Continuamente hacemos transferencias en el ajedrez y eso nos entrena para hacer transferencias desde el ajedrez a otros campos y de otros campos a otros y de otros al ajedrez. Nos convertimos en “transferentes” habituales, lo que en esta era de la mega complejidad informativa y de su aplicación es del mayor valor.

La habilidad más útil en el siglo XXI es la de realizar transferencias como la descrita, y de ahí mi afirmación de que el ajedrez, donde uno se habitúa a la aplicación del conocimiento a situaciones específicas, por lo general no previstas totalmente, siempre cambiantes y novedosas, es del máximo valor formativo.

Con el ajedrez el transferir se convierte, por necesidad, en un hábito altamente valorable.

Transferir y formación de carácter es lo que más aporta el ajedrez a un niño.

La formación de carácter se puede estimular y fomentar con varios deportes, el transferir no, por ello yo evalúo la práctica organizada del ajedrez sobre los demás deportes.

Cuando alguien me dice que cuenta con poco tiempo para estudiar o practicar ajedrez, me quedo sorprendido, pues el 100%, hasta cuando dormimos, podemos hacer algo por mejorarnos en ajedrez transfiriendo y también transfiriendo aprovechamos el 100% del tiempo para mejorarnos.

Si leo un libro sobre ideas de Albert Einstein, o veo un video de una obra de Shakespeare, puedo contestar a la pregunta de “¿Qué haces?” diciendo: Estudio ajedrez.

¿Cómo transfiero ese tiempo al ajedrez? Después de cada acción, hago lo que se debe hacer tras jugar una partida: analizo mis partidas, mis actividades y en mi bitácora escribo, “Esto aprendí hoy”.

Antes de cada actividad hay que seguir la recomendación  de Benjamín Franklin y establecer una meta de corregir algún defecto que observamos en nuestro autoanálisis (en el caso del ajedrez, tras analizar una partida propia, identificamos nuestra debilidad más importante y nos planteamos corregirla), como tarea del día y de la acción. Una por día, una por acción.

Hay que transferir todo el tiempo, como principio de economía.

No es fácil, pero hay que hacerlo todo el tiempo, y la siguiente vez será más fácil

 

En México, a 15 de Octubre del 2009