Estudiar libros de Ajedrez.

 

Por MI Raúl Ocampo Vargas.

 

 

 

 

El ajedrez y los libros se hermanaron prácticamente desde que el ajedrez llegó a Europa. Cuando apareció la imprenta de tipos móviles, algunos de los primeros ejemplares, dicen, fueron libros de ajedrez.

El caso es que para progresar en ajedrez los ajedrecistas antes que nada recurrieron a los libros y los grandes jugadores de las primeras etapas históricas del ajedrez fueron prolíficos autores. Philidor, Staunton, Steinitz, Lasker, Capablanca y Alekhine además de los mejores jugadores de su tiempo se distinguieron como escritores.

Cuando se inició el movimiento de masas de ajedrez en la Unión Soviética se manejaba el argumento de que el ajedrez conducía a sus practicantes hacia los libros y los libros de ajedrez eran un camino a su vez hacia libros de otros temas. En tiempos en que era raro en Rusia de que alguien, sobre todo un obrero, leyera un libro, había muchos ajedrecistas que no se separaban de su manual favorito, e incluso hacían sacrificios para comprar un par o más de libros. Le perdían el miedo a los empastados gracias al ajedrez. Después de leer a Philidor, era posible que se interesasen por Tolstoi, Gorki y por Nicolás Lenin.

El ajedrez lleva a los libros de ajedrez y los libros de ajedrez a otros libros, y los muchos libros a una cultura general y una cultura general a una consciencia de clase y a una comprensión del mundo que pasaba por la búsqueda de la propia identidad y de ahí a la identidad nacional, al espíritu de emulación y al aglutinamiento hacia el partido y a las luchas del proletariado. Esa fue la idea detrás del movimiento de masas de ajedrez que propulsaba el gran jugador y pensador Alexander Iljin Genevski.

Los ajedrecistas tendemos a ser bibliófilos, pero de acuerdo a nuestras aspiraciones en ajedrez, a nuestra ubicación ante nuestra vocación de ajedrecistas lo que dictará la manera en que usemos los libros.

Muchos mencionan que el poder leer una mayor cantidad de libros es una virtud importante y citan, entre otros al Presidente John Fitzgerald Kennedy y su asombrosa habilidad para leer libros rápidos.

Pero estudiar libros de ajedrez es cosa distinta. Hacerlo de manera ambiciosa, como quien extrae de una naranja hasta la última gota de su jugo, es algo que requiere mucho tiempo y esfuerzo. Si uno quiere llegar a ser un gran jugador los debe leer con gran esfuerzo.

Cuando lee uno un pasaje de la literatura a veces lleva tiempo una sola frase. Tendemos a imaginar la escena en la mente e incluso penetrar en lo que siente el personaje. Algunos personajes nos hacen detener la lectura y reflexionar en que quisieron decir con cada frase. Si en “Crimen y Castigo” tratamos de sentir el conflicto de Rashkolnikov, en una sola página podremos detenernos horas, como con la sola palabra “Nevermore” del poema “El Cuervo” de Edgar Allan Poe, o a veces de un breve cuento podemos elaborar una historia tan completa como para hacer una película, sino que lo digan quienes filmaron “Las nieves de Kilimanjaro” de Hemingway, que partió todo de una leyenda de que Africa morirá cuando deje de haber nieve en las alturas del Kilimanjaro. Una sola frase que se convirtió en un breve cuento y luego en el largo guión de una película.

Pero vemos una pagina de un libro de ajedrez, y al leer la partida, si queremos a la vez entrenarnos, sin usar un ajedrez tratamos de visualizar la posición tras de cada jugada e incluso penetrar en esa imagen difusa como en la madriguera del conejo de Lewis Carroll, nos trasladamos a un mundo completo de emociones que suceden y existen porque las observamos con nuestra mente. Unas cuantas líneas de un párrafo nos puede tomar horas de reflexión y de imaginación, hasta de sensaciones y emociones.

Pero también habrá quien quiera ver las cosas superficialmente, saque sus piezas de ajedrez y pase la partida a velocidad, con un desgano tal que cuando aparece una variante o una sugerencia de un comentarista, la pasa de largo y sigue las jugadas del texto principal y tal vez perciba algo de la belleza general y superficial de la partida. Se llevará tal vez la impresión de que lo notable de la partida fue el sacrificio con que remataron a las negras, cuando el gran maestro que la jugó estaba orgulloso de haber creado un plan para evitar que un caballo en una banda del tablero se reincorporase a la lucha. Parece que hubieran visto dos partidas diferentes.

Las computadoras son muy útiles para ver partidas, pero como no exigen esfuerzo para imaginar, para visualizar, es como ver una novela en filme en lugar de leer la novela en libro original. Sabremos que pasó en la trama, pero no ejercitaremos nuestra visualización. Lo que nos daña a la hora de jugar ajedrez, donde la visualización y la habilidad de visualizar, lo son todo.

Cuando un maestro da clases con un tablero demostrativo, moviendo piezas a cada jugada, le impide a los alumnos hacer ejercicios de visualización. Debe poner una posición y hablar las jugadas, tratar de que los alumnos le sigan mentalmente. Luego puede interrogar a sus alumnos, tras de mencionar tres, cuatro o cinco jugadas que le digan donde esta cada pieza, como tienen visualizada la posición. Luego para hacer correcciones, actualizará la posición en el tablero, pero sólo después de tratar de que los alumnos hagan el esfuerzo de tener en su mente visualizados los cambios de la posición tras cada jugada.

Si un maestro no lo hace así, recuerda el caso del niño que trato de ayudar a un ave a salir del cascarón. La ayudo, pero hipotecó su futuro a cambio de un presente fácil. El ave nunca pudo volar, pues le hicieron falta a sus alas el ejercicio que se hace al romper el cascarón. ¡No me ayudes compadre!

Leer libros de ajedrez puede ser muy trabajoso, como romper cascarones con tiernas y débiles alas, pero hay que hacerlo visualizando. El perder la oportunidad de entrenar al mismo tiempo de adquirir un conocimiento que podemos hallar en un libro, es no sacarle todo el jugo a la naranja, es no saber exprimir ni el libro, ni nuestro valioso tiempo. Es tomar las cosas fáciles y querer nada más los mangos bajitos. La recompensa a la pereza será un cero en la tabla de posiciones al fallar en la visualización durante una partida.

¿Pero acaso todos leemos libros para obtener un desarrollo práctico? Claro que no, hay libros que los leemos para gozar superficialmente, casi como ver televisión, sin gran esfuerzo. Nada más por curiosear. No todos quieren ser maestros. 

¡Que bueno! Por que eso es lo que lograrán, el no serlo. Son adictos quizás a jugar mal ajedrez y no les importa. Es más, si los obligasen a ganar un torneo, tal vez se sientan mal. Conozco a muchos que son adictos a dejar piezas sueltas en las partidas. Otros son adictos a cargar un libro y nunca leerlos. Tienen las axilas ilustradas, pues leen libros por osmosis. Siempre lo tienen allí, bajo el brazo. Ya la tinta del libro con el sudor ha tomado un color tenue.

Hay otros lectores que gustan de sentirse pitonisos o el oráculo de Delfos y nunca fallan. Ven un libro, una posición de aquellas del blanco juega y gana. La observan un minuto y ven que hay una dama y un alfil que se ven amenazadores contra el enroque enemigo. “Debe ganar una jugada de alfil o de dama”, inmediatamente van a la página con la respuesta. Ven que se juega el alfil y se desenvuelve una combinación ganadora. Se dicen entonces a si mismos: “Le atiné, si para esto soy como Kasparov”, y pasan al siguiente diagrama. Nunca fallan.

Otros compran libros de aperturas y por lo general, sacan su ajedrecito y repiten variantes a supervelocidad. Pasan la misma 10 o 15 veces, una y otra vez. Ya se la saben. Casi la recitan como un párvulo repitiendo la tabla de multiplicar del 5. Ya estudiaron ajedrez. Método Memorizador Agudo. MMA.

Esa adicción es muy peligrosa y difícil de erradicar. Aunque casi ni siquiera quieren enterarse de que deben erradicarla. A veces ganan partidas en 15 jugadas, está probado el éxito de su método. Les dicen que perdieron diez partidas y ganaron sólo una con esa variante. “Pero gané a un Maestro FIDE, eso ya vale el torneo” Los demás se salieron del libro a la jugada cuatro, pero el Maestro FIDE jugó bien, pero repitió las jugadas en que Gligoric cayó en una celada y perdió. Jugó como Gran Maestro, pero el otro se sabía de memoria las jugadas de Fischer contra Gligoric. Fue como sacarse la lotería al revés, pero perdió la partida y debido a eso hundió a su contrincante en el error adictivo. Hace daño a veces ganarle a un Maestro FIDE cuando uno tiene 1300 de Elo…

Ahora hay unos libros hermosos, con unas ilustraciones que da gusto verlas. No hay nada que estudiar, sino observar unas piezas hermosas y la sonrisa de la Kosteniuk, o los hermosos salones de los torneos de Moscú 1925 o del Habana Libre en 1966. O el salón del match Euwe versus Alekhine del  match revancha de 1937.

Dígame como estudia un libro de ajedrez y le podré decir si a usted le gusta perder partidas, y cual es su adicción a hacer las cosas mal, al menos en ajedrez.

Dicen que los humanos por lo general no sabemos respirar, no sabemos comer, no sabemos correr, ni sabemos como dormir.  También muchos afirman que no sabemos leer. En consecuencia, es casi seguro que pocos saben como estudiar un libro de ajedrez.

Claro que hay técnicas bien definidas para exprimir naranjas, como las hay para casi todo que tenga enfrente como tarea el ser humano. El estudiar libros de ajedrez no son una excepción.  Recuerdo haber visto un artículo dedicado a enseñar paso a paso como estudiar bien un libro de ajedrez y sacar el máximo beneficio de ello. Pero como leí el artículo muy rápido, no lo reflexione mucho, pues ya se me olvido…

 

En México, a 5 de Agosto del 2009