La ocupación del Entrenador de Ajedrez como actividad de responsabilidad.

  

Por MI Raúl Ocampo Vargas.

 

Dentro de la amplia gama de ocupaciones que existen en la sociedad, las hay que requieren un alto grado de responsabilidad, por lo que se han establecido parámetros y filtros para que los que las ejerzan se vean obligados a desempeñarlas con gran calidad y reconozcan que requieren autosuperarse continuamente, si quieren seguir ocupándose en ellas o de plano se ocupen en otra cosa menos exigente.

Médicos, psicólogos, laboratoristas; son personas que tienen grandes responsabilidades, ya que fallas en su actuación conducirán a grandes perjuicios y daños para quienes requirieron sus servicios. Son ocupaciones de gran responsabilidad pues tratan con la salud y un error se paga caro por quienes los contratan o se atienden por ellos.

Un médico o un psicólogo son preparados con exigentes programas de estudios y tras ser titulados deberán seguir actualizándose, si quieren cumplir a cabalidad con su responsabilidad de ejercer estas profesiones críticas.

Si no son capaces de continuar día a día con su superación, debieran dedicarse a otra profesión de menos responsabilidad, donde no afecten tan gravemente en caso de no desempeñarse con excelencia.

Recientemente se ha abierto una sección en el sitio de la FIDE donde los entrenadores expresan sus ideas y más o menos se promueven. La FIDE, a través de sus comisiones,  ha tratado de unificar criterios y establecer parámetros y exigencias para avalar instructores y entrenadores. Como organización eminentemente política y lejos de ser una organización de tipo académico, trata de asesorarse para lograr dicha tarea de manera decorosa. Pero no ha podido sustraerse del todo de la influencia de políticos del ajedrez, y aunque ha conformado consejos integrados con personas muy capaces y de prestigio reconocido en el tema, forzosamente se han “colado”·algunos de capacidad cuando menos discutible, sino completamente fuera de lugar.

Por los mismos caminos, aunque con irregular fortuna en las bases académicas, transitaron en alguna época las carreras de la medicina y la psicología, para unificar criterios y poder establecer parámetros de evaluación. Alcanzar un diseño curricular aceptado por instituciones de educación, colegios y  capas importantes de la sociedad, tomó a la medicina y a la psicología décadas sino es que siglos, y aún ahora tienen que pasar procesos continuos de reunificación de criterios.

La FIDE dio un gran paso al manifestar públicamente, con sus acciones, el temor de la comunidad ajedrecística de mayor nivel de conocimientos sobre ajedrez, de que muchas personas se ocupaban como entrenadores e instructores sin que hubiera manera de establecer si lo hacían mal o bien, excepto la comprobación empírica. Por prueba y error se sabía si un entrenador o instructor era adecuado. Si resultaba ser un mal elemento, esto era identificado tras de un tiempo en que ya había hecho su daño, muy a menudo irreversible, destruyendo la posibilidad de cumplimiento del sueño de un niño.

Dañar la posibilidad de cumplir un sueño, o simplemente obstaculizarlo, es una acción tan terrible, que hace afirmar que la ocupación de entrenador o instructor es de gran responsabilidad.

Una ocupación que exige mucho estudio, mucho esfuerzo para desempeñarla con calidad. Uno tiene que ser muy bueno o simplemente es mejor dedicarse a otra cosa. No basta con ser regular o pasable, tiene que ser de excelencia para no ser dañino.

Recientemente revise partidas y resultados de unas competencias regionales de niños y se vio en varios casos que algunas delegaciones iban en clara picada respecto a actuaciones anteriores, y pensé en los niños que habían visto frustrados sus sueños sin entender bien a bien que sucedió.

Muchos tenían entrenadores buenos, tan buenos como en años anteriores, igual de buenos. O sea que no se habían superado. Y en el ajedrez si uno no va para arriba, no se queda estancado, va para atrás. Es como remar contra la corriente, si uno deja de remar no se detiene la canoa, va hacia atrás.

Para muchos en edades críticas, la hora ya ha pasado y sus sueños están más lejos que cuando el muchacho inició su camino hacia él.

No entenderá que pasó. ¿Por qué si era el campeón de sub 10, no alcanza ni a ser el subcampeón de sub 12? ¿Por qué si era el mejor entre los menores de 18 años, tiene 19 años y no es ni el quinto lugar de menores de 20 años?

El que no sabe, no sabe ni que no sabe. Achacará todo a la mala suerte, a circunstancias más o menos superficiales. Pero si se diera el caso de que le tocó pagar algo que su entrenador hizo con él tres años atrás, eso nunca lo sabrá, y lo que es normal, su entrenador tampoco lo sabrá.

Muchos entrenadores ni expedientes llevan. ¿Historia clínica? Eso es para médicos, para ocupaciones de alta responsabilidad.

Leyendo artículos de diversos entrenadores en su sitio web de la FIDE, había expresiones realmente alarmantes. Cosas que hacen pegar un coraje a cualquiera que se haya esforzado en estudiar como debe entrenarse con pupilos, como hacer programas y planes de estudios y luego ve que personas que descuidan su preparación en cambio reciben foro para expresar tales sandeces. Pero luego se tranquiliza uno al pensar que es inevitable, pues los que no saben, ni se dan cuenta del daño que hacen publicando esas notas.

Una vez, inconscientemente le dije a un instructor, buena persona, pero sin una preparación acorde a su buena fe y sus buenas intenciones: “¿Te han caído muchos alumnos?”, cuando un tercero, muy perspicaz, antes de que respondiera el interrogado, manifestó: “¡Caídos como en una trampa!” Tuve que disculparme y decir “Bueno, la pregunta es si te han llegado muchos alumnos”, a lo que el tercero otra vez agregó: “O victimas”.

Sin duda mis pensamientos se proyectaron en mis palabras. A muchos instructores se les califica como exitosos porque les “caen” muchos alumnos. Pero a la larga ve uno como desertan sus alumnos, todos ya dañados o al menos con menos oportunidades de cumplir sus sueños.

De alguna manera la FIDE ha dado un gran paso al establecer algunos criterios para subsanar la ausencia en muchos países de programas académicos para formación de entrenadores de ajedrez, y tratando de copiar modelos exitosos de instituciones de los países líderes en la preparación de ajedrecistas.

Pero la FIDE no es una institución de educación y aún esta lejos de ser una “Organización que Aprende”, como las definía Senge en su libro “La Quinta disciplina”. Pasarán muchos años, pero ya está en el camino correcto. Por lo pronto requiere un control de calidad para no publicar en su sitio algunas cosas de bajo nivel.

Mientras tanto la prueba y el error seguirán campeando sin más parámetro que la ley de la oferta y la demanda, donde a veces se lleva lustros el definir la calidad de un instructor y un entrenador, siendo para entonces numerosa la cantidad de sueños frustrados…

En México, a 12 de Abril del 2009