Informática aplicada al Ajedrez.
 

Los minivideos y las clases de ajedrez con informática aplicada.
 

Recuerdo una frase escrita por William Arthur Ward, administrador de un colegio nortemaericano: “El profesor mediocre dice, el buen profesor explica. El profesor superior demuestra. El gran profesor inspira” (“The mediocre teacher tells. The good teacher explains. The superior teacher demonstrates. The great teacher inspires”). De ahí es normal que uno apunte a inspirar, en despertar en los alumnos a que descubran su propio secreto, que saquen de dentro de si toda la energía que sea necesaria para realizar sus sueños.
 

Durante varios años he utilizado presentaciones en Power Point mezcladas con imágenes del Chess Base como una manera de mejorar las clases que se dan usualmente con un tablero demostrativo. El tablero demostrativo y el rotafolio (o presentación con “Posters” como se conoce en algunos países) eran ventajosamente sustituidos por una Televisión grande conectada a una computadora que usaba Power Point y Chess Base con material preparado de antemano con un sistema de aprendizaje basado en problemas, con un modelo de enseñanza basado en las teorías de Lev Vigotsky y tomando en cuenta la programación de una clase en las reglas de tiempo determinadas por el efecto de Zeigarnick y el uso de colores e imágenes de acuerdo a los descubrimientos de Von Restorff y de Tony Buzan.
 

Primero que nada hablaré del investigador alemán Bluma Zeigarnick. Era sabido que durante una clase, independientemente de las estrategias que se usen, las personas tienden a recordar lo que escucharon al principio y al fin de un “paquete” de información, sea un módulo de aprendizaje, una conferencia, un discurso, un relato o incluso un concierto. Este fenómeno es conocido como el Efecto de Primacía y Regreso (Curva de Recuerdo). Uno se preguntaba, ¿Porqué el cerebro decide que el principio y el final merecen atención resaltada. ¿Cómo esto nos mantiene sanos? ¿Tal vez los principios y finales señalan cambios, algo nuevo? Sería tan malo olvidarlo todo como recordarlo todo El cerebro primero esta atento a lo nuevo, luego se relaja un poco, hasta que las cosas cambien de nuevo. Si yo tengo una hora de clase y se que tendré como promedio entre 5 y 10 minutos de atención de un niño al principio de la lección y otro tanto al final, puede ser que de 60 minutos solo 10 se aprovechen. Presumiblemente toda nuestra disertación, o nuestra clase tiene información importante que transmitir, no solo una sexta parte. ¿Cómo aumentar su aprovechamiento? Bueno Bluma Zeigarnick en 1920 encontró que interrumpiendo periódicamente, incluso cuando la cosa iba bien, los alumnos aprovechaban más, teníamos varios principios y varios finales en una misma clase. De acuerdo al “Efecto Zeigarnick” se estructura una clase de ajedrez en varios tiempos. Si fuese un adulto, un plan de una lección de una hora se programaría en un 80% del tiempo, 45 minutos, como en una conferencia magistral, por ejemplo. Así 10 minutos para la introducción, 30 minutos para la esencia de la presentación y 5 minutos para resumir y concluir. Los otros 15 se van en que se acomoden en descansos entre cada parte, tres descansos, el primero de 1 minuto, luego otro de 4 minutos tras 15 minutos del período principal y otro de 6 minutos entre el final del período principal y el inicio del resumen y dejando cuatro minutos para ajustes  y preguntas, etc.  Hay que seguir una regla simple: “Se dice que se le va a decir, se le dice y se dice que se le dijo” O sea 10 minutos para anunciar de que vamos a hablar y para que sirve, 30 minutos para decirlo, y 5 minutos para decirles que se le dijo y aclarar en pocas respuestas y preguntas las dudas y resumir.
 

Ahora bien, ya cuando uno trabaja con nacidos en la era digital, menores de 24 años, que toda su vida vivieron con video juegos, para los que Michael Jackson fue siempre blanco, no supieron de la URSS y nunca vieron un disco de 33 revoluciones y pocas veces han quitado una corcholata de su refresco; no puede uno utilizar el método socrático nada más, tiene que utilizar tecnología.
 

Quieren ver imágenes, con colores. Aquí hay que ver de nuevo eso de que el cerebro tiene altibajos. Hay lo que se llaman Ciclos Básicos de Actividad y Descanso Cerebral y los flujos de sangre entre los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo. No puede haber una atención constante. Hay que despertar al cerebro a cada rato. En una clase pudiera haber un grupo de alumnos en que su cerebro esté en su ciclo básico de Actividad y otro grupo este en su ciclo básico de Descanso. Es más, si uno no manipula esto de alguna manera, lo normal es que unos estén bostezando y otros pudieran estar “entusiasmados” y entusiasmo es una palabra profunda que significa literalmente algo así como que tienen a dios dentro de su alma, pero ese sería ya otro tema muy espinoso por ahora. Sigamos con los ciclos. ¿Cómo podemos despertar continuamente a los cerebros de los alumnos sin dejarlos dormir? El cerebro tiene una cosa muy curiosa, trabaja y luego se recompensa a si mismo…Para ver esto, permítanme contarles algunos datos. Hay jugadores de ajedrez que sabemos pueden reproducir de memoria cientos de partidas, el Prof. Aitkin de Edimburgo podía repetir los primeros mil dígitos detrás del punto decimal de “Pi”, o sea después de 3.14159…mil dígitos más…El Yogi Shaa de Bombay podía repetir mil frases luego de oírlas una sola vez. Y el jefe Kaumatara de los Maoríes podía relatar mil generaciones de antepasados. Y muchos pastores norteamericanos se saben el Nuevo Testamento de memoria, versículo a versículo y epístolas y evangelios (Hace poco a un alumno le dije que la epistola de San Juan, la de “La verdad os liberará” estaba en la entrada del edificio de la CIA, y por supuesto, no es epístola, sino evangelio, las epístolas son cartas y en ese caso serían más bien las de San Pablo). El caso es que casos prodigiosos de memoria fueron estudiados por Von Restorff, y el descubrió que el recuerdo de tantos datos se facilitaba al “colorearla” al hacerla rara o divertida, como recurso, por aquellos grandes memoristas. Entonces hay que contar chistes, historias, poner láminas con fotos curiosas y los alumnos se acuerdan mejor. Así entonces, las clases de ajedrez iban de la siguiente forma: 5 a 10 minutos para una presentación de Power Point, muy coloreada y con bastante comicidad. Luego pasaba a ponerles una posición a resolver, para que utilizaran alguna herramienta o enseñanza o metodología que había yo descrito en el Power Point. Para pasar de una actividad a la otra, había un descanso forzado como de 3 minutos. Luego de poner a analizar a los alumnos, les preguntaba, lo que hacía otro descanso. Lo importante no era que dieran respuestas, sino que formularán bien las preguntas que había que responder. Ya que formulaban las preguntas a satisfacción de ellos mismos (y mía, aunque no muy manifiesta), daba un minuto de respiro y buscaban respuestas. Luego otro descanso de algunos minutos y conclusiones. Este sistema trabaja de maravilla con ajedrecistas ya comprometidos y mayores de 10 años de edad.
 

Pero con niños que no son totalmente aficionados, menores de 10 años, no puede haber un período principal de 30 minutos de trabajo continuo, ni siquiera 15 minutos. No, ahí hay que dividir la clase en actividades de 8 a 9 minutos máximo.
 

Luego también hay que considerar que la sesión descrita es la de un grupo más o menos homogéneo de jugadores, aunque con Troykas se puede trabajar con jugadores de 1300 a 2200 de rating al mismo tiempo, pero en general no debe haber más de 200 rating de diferencia, ni más de cinco años de edad de brecha etaria entre los participantes.
 

¿Qué hacer si tengo que dar clases en una escuela de Educación Básica a niños que ni siquiera saben si les gustará el ajedrez o no, o que hay grupos con niños en que un familiar les enseño mucho de cómo jugar ajedrez, con otros que no saben nada?
 

Antaño se probaron muchas estrategias, sobre todo dividiendo actividades durante la clase. Esta clase se debía dividir en al menos cinco sesiones de 8 o 9 minutos, más una inicial de pase de lista, más para dar tiempo a que entraran al salón y que supieran que el profesor los tenía identificados para poder reportarlos en caso de notorios rompimientos de disciplina…
 

En los años 60s del siglo XX, en México para la aritmética y las matemáticas, los profesores tenían un instrumento que redimió a muchos casos perdidos: “Los cuadernos Gader”. Una colección voluminosa de ejercicios que debían de hacer los atrasados, y en muchos casos los adelantados, como castigo a no mantener el paso uniforme de la mayoría del grupo. Si uno estaba atrasado o adelantado, se le “recetaban” a uno, una cantidad de ejercicios en el Cuaderno Gader correspondiente. Había profesores más puntillosos, o tal vez más flojos, que a todos, sin excepción, les recetaban los Gader. Entonces la clase era poner a resolver problemas de los cuadernos. Aprendía uno, eso si, pero al final del año quería uno quemar el “Gader” ya resuelto y con serias señales de cicatrices, pues habían experimentado más batallas a nuestro lado, que los generales Ptolomeo y Parsimenio al lado de Megas Alexandro

Bueno, para cuando a los soviéticos se les puso la tarea de masificar el ajedrez, primero les medio mostraban el ajedrez a todos los escolares, y a los que si les llamará el canto de Caissa, lo invitaban al Club de Pioneros. Asi siempre trabajaban con niños que les gustara el ajedrez. Los que eran muy talentosos los tomaba para sus alumnos el jefe del Club de Pioneros, pero los demás eran atendidos por la tropa. Y esas huestes de entrenadores tenían que trabajar con todo tipo de alumnos. Entonces usaban la variante del ajedrez soviético de los cuadernos “Gader” de matemáticas. Y ponían a los niños a resolver sus posiciones de esos cuadernos. Pero esos niños si eran medio aficionados al ajedrez. ¿Qué hacer si uno se encuentra en que hay que enseñar a 20 niños de 8 años que no sabemos si les gustará o no?
 

Siempre digo que hay que promover el ajedrez en las escuelas y sería muy ingenuo pensar que no tuviera resuelto el problema desde hace años. Pero da el caso que ahora la informática aplicada al ajedrez ha venido en nuestro apoyo.
 

Desde hace tiempo, entre 1987 y 1992, deseche el tablero mural, aunque es útil con jugadores más desarrollados o con audiencias de ajedrecistas, pero no deja de ser un anacronismo al que se recurre o por miseria de dinero o miseria de tecnología. Entonces usaba una computadora conectada a una TV grande o si no había más, a un DVD que pudiera ver imágenes de fotos fijas. Entonces producía mi material en Power Point y lo pasaba a imágenes fotos que leyeran los DVDs.
 

Junto a ese material preparado, tenía una colección de cuadernos estilo “Gader” de varios niveles. En una clase, repartía diversos ejercicios de varios niveles. El programa de clase es el siguiente:
 

Lectura de la lista, para que se acomoden, se civilicen y yo me aprenda el nombre de cada niño. Asi pasan 7 minutos. Luego hacía una breve plática del tema, con apoyo del “rotafolio” de la TV con imágenes fijas, como pasar un álbum fotográfico, pero graficas hechas por mi, iluminadas y bien planeadas de acuerdo a Von Restorff para que por raras o risibles se les graben los conceptos, muy generales. Luego de acuerdo a cada niño y nivel, les daba una hoja para que resolvieran. Cada niño tiene su propio “Gader”, su propia hojita del día, para eso tengo más de 700 modelos de hojitas y cada clase utilizo no más de 6 modelos. Entregan sus hojas, las voy calificando y voy contestando dudas aquí y allá. Luego les voy estimulando con puntos en cuadros de honor y de vez en cuando un premio especial rifado entre los que llenaron toda su hoja bien (cada uno tiene una hoja que es acorde con su nivel, así que el concurso es parejo). Cuando resuelven su hoja les doy un descanso de unos cinco minutos, si terminan muy temprano pueden ser 7 u ocho. Ya faltando unos cinco o seis minutos para que termine la clase, hago los sorteos o les leo sus calificaciones. De esa manera les doy unos 7 minutos de lista, 8 de plática, 25 o 30 de ejercicios, 5 minutos de descanso y 3 de sorteo, Si unos acaban muy rápido, o sea que no los medí bien, los pongo a que echen una “cascarita” con otro avanzado. Cada tres clases hago sorteos entre ganadores y cada tres clases un torneo de práctica; pero siempre les doy la plática con la TV de rotafolio. También actividades especiales, como pegar posiciones de piezas, etc. Los cuadernos estilo “gader” están basados en los desarrollados por los soviéticos y a veces recortan sus hojas con los diagramas resueltos y cada diagrama recortado es su “boleto” para una rifa que puede tener de premio un ajedrez magnético, una revista o una muñeca o un avioncito de plástico.
 

Pero conforme fui avanzando haciendo los power point, diseñe cuentos e historias relacionadas con el ajedrez, ilustrándolos con mi rotafolio televisivo, pero luego encontré que era mejor hacer los power point videos y ponerles sonido. Debían durar 6 a 8 minutos, para mantener la programación de la clase para el “Efecto Zeigarnick”. Ahora cuento con media centena de videos, con todo tipo de temas y al menos 10 cuentos infantiles.
 

Ahora mi plan es preparar a maestros de educación básica para que usen las Televisiones con mis videos, sepan repartir las hojas de los “gader” de ajedrez, luego dotarlos de los minivideos, que como tienen sonido los pueden correr con mi voz, o oírlos, aprenderlos, pasarlos sin volumen y dar las explicaciones a su manera, con mis imágenes, pero con su sello propio, luego con las colecciones de hojas o cuadernos, lograrán un efecto similar a que yo mismo diera las clases, ante grupos de niños principiantes, y los muy aficionados o avanzados, los deberán canalizar a ajedrecistas entrenadores. Asi se pueden cubrir miles de escuelas, con “Know How”, material  y programa adecuado. ¿O no?
 

San Andrés Tuxtla a 7 de julio de 2008.
 

A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos cuide…

  IM Raúl Ocampo Vargas