Sin Manual de Instrucciones o mitos destruidos por la informática aplicada al ajedrez.

 

Por MI Raúl Ocampo Vargas.

 

Ahora que se abren millones de fuentes de información gracias a la informática y a las posibilidades de comunicación de la Internet, no dejamos de sorprendernos. Si fuese la única virtud de la Internet el mantener viva nuestra capacidad de asombro en una era de complejidad y paradojas, ya nada más por eso tendría un enorme valor, pero ese ya es otro asunto.

Tope con un libro muy especial: “Literatura Ajedrecística de Rusia”, (ISSBN 5-85009-551-9, editado por Sovietsky Sport, Moscú), escrito, o más bien recopilado por I.N. Sakharov y publicado en 2001. Muy elogiado por Botvinnik cuando estaba en preparación para salir como “Literatura ajedrecística de la URSS”, proyectado para 1986, hubo de ser modificado y quedar como una crónica de los libros publicados en Rusia de 1775 a 1997; o sea antes y después de la URSS.

En la URSS donde el interés por el ajedrez era grande y se volvió luego prácticamente en asunto de Estado el promover la práctica organizada del ajedrez, se había llegado a la conclusión que para jugar bien ajedrez se necesitan ajedreces, tableros, relojes, estímulos, organizar competencias, fomentar un reconocimiento social del ajedrez y que el sector educativo fuera parte importante de un movimiento de masas que abarcaba trabajadores, estudiantes y todo poblador de la URSS.

Los profesores inmediatamente apuntaron que había otras cosas tan importantes como los ajedreces y los tableros para jugar ajedrez: profesores, libros y un sistema de instrucción.

El argumento es muy sencillo y claro. Todo ser humano tiene potencial para lograr enormes cosas, posee una serie de cualidades, capacidades y equipo, o sea un  hardware de la mejor calidad. Pero le faltaba algo muy importante, que cualquier maquina de segunda lleva consigo al salir de la fábrica: Manual de Instrucciones.

Por eso algunos seres humanos se habían convertido en verdaderos problemas para su entorno. Los hubo depredadores, inestables, viciosos, lo mismo que hubo excelentes creadores y organizadores. El problema era que había tantas complejidades de la operación que el Manual de Instrucciones se hacía tan importante como el hardware.

Entonces, en la URSS se decidieron por producir esos manuales de la mejor calidad. Como había que empezar con algo, se revisó el de todos los países, traduciendo al ruso primero algunos títulos extranjeros y luego estimulando a que surgieran creadores que elaboraran los libros originales de la gran madre Patria Rusia.

Calculando los millones de ávidos instructores y jugadores rusos, supuse que de 1775 a 1997 habían escrito muchos miles de títulos distintos en la rica bibliografía rusa. Claro que de 1925 a 1989 los tirajes de cada título eran de 30 000 ejemplares para arriba, mientras que los tirajes en otros idiomas eran de un promedio de 3000, pero si en alemán, por algunos catálogos en Internet, podía contar más de 1500 títulos distintos y se habla de que el GM Lothar Schmidt tiene la biblioteca personal más grande del mundo y tiene 20 000 títulos diferentes, supuse que al menos 7000 serían rusos.

Pero resulta que tras leer ávida y cuidadosamente el libro de Sakharov y de, en el camino, ir checando los títulos que me faltaban entre 1930 y 1997, muy pocos por cierto, si se me permite la presunción, me sorprendí finalmente con que en el renombrado y afamado, por su seriedad y cuidado en su elaboración, libro de Sakharov, se citan sólo 2494 publicaciones. Aunque algunas son de varios tomos y muchas de gran extensión, francamente se me hicieron pocas. La manera de contar los títulos, siguiendo las normas de la biblioteconomía y ciencias afines, es bastante compleja, pero revisando página por página de las 319 del libro de Sakharov, no hay de donde estirarle. Tal vez si sumamos las de otras repúblicas ex URSS, llegaríamos a 1000 más, además de otros mil panfletitos y panfletotes, ediciones mimeográficas y fotocopiadas, revistas estudiantiles, de pequeños poblados, etc, a lo mejor se llega a 5000 títulos. Pero me parece bien poco, ya que la informática aplicada al ajedrez entre Convekta, Chessbase, Chess Informant, Inforchess, etc, ya han producido más de 5000 títulos de material electrónico de estudio y unos 3000 programas que juegan ajedrez y esto sólo en el período que abarca de 1987 a 2008, poco más de 20 años. Hay más de 12 000 sitios y blogs de ajedrez según una estadística realizada recientemente en un sitio que cayó en recesión y que era magnífico y tal vez desaparezca, ajedrez sin nombre, No Name, los innombrables, lugares de perdición, una especie de Sodoma y Gomorra del ajedrez para muchos y para otros refugio de los “viesplatni”, los sin dinero.

El caso es que el excelente libro de Sakharov nos coloca en la realidad de que aún en el país de más cultura ajedrecística no se publicaba ni se leía tanto ajedrez como uno pensaba.  En otros países que podemos esperar. Si la gran madre Patria Rusa no venció totalmente el analfabetismo ajedrecístico, los sin madre, ¿Qué puede ser de ellos? Deambularán muchos sin manuales de instrucciones.

Y esto es una tragedia, pues si a alguien le damos un microscopio sofisticado sin manual de instrucciones, corremos el riesgo de que utilice el aparato para cascar nueces. Por eso, cuando hay jugadores que no avanzan en ajedrez, el hecho es explicable, no han dado con su manual de instrucciones, ni con el instructor que eche andar aquellas creaciones de Dios con tanto potencial. Es como los automóviles que son usados sin seguir las recomendaciones del fabricante, funcionan bien un par de años y luego se vuelven chatarra. “Es que hay ponerle agua” le dirá un mecánico, y el usuario le contestará, “Es que nadie me lo dijo, creí que era como el último auto que tuve, un volkswagen y seguí las recomendaciones del manual de instrucciones de mi carro anterior” El mecánico seguro sentenciará: “Las instrucciones de un volkswagen no le sirven a su auto, que es un Ford

Haga el intento de cambiar un canal de su televisión Panasonic con un control remoto de Philips. El gran ser humano, desgraciadamente, no viene con su manual de instrucciones.

Aunque por otro lado, en eso estriba también una grandeza, puede serlo todo, casacanueces, microscopio, etc. Nada lo define ni obliga. No hay manual de instrucciones dado y puede elegir. Es su libre albedrío. Puede equivocarse o acertar. Pero por sus frutos los conoceréis, son lo que hacen, no de donde vienen.

                                                                                                                                                            Zinacantepec, 7 de marzo de 2008