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Notas Bibliográficas de Inforchess No.3

 Secretos del Juego Posicional. 

Autor:  Mark Dvorestky

 

MI Raúl Ocampo Vargas.

 

Notas Bibliográficas de Inforchess No.3

 

MI Raúl Ocampo Vargas.

 

Los libros del gran entrenador MI Mark Dvoretsky siempre serán una adición valiosa para cualquier biblioteca, pero para los lectores de habla hispana las traducciones a nuestro idioma se convierten en imprescindibles. Ediciones Merán de España hizo un gran acierto al publicar “Secretos del Juego Posicional”, tercer libro de los cuatro que componen la obra “Escuela de ajedrez excelente”, (los dos primeros tomos son “Secretos del entrenamiento en ajedrez” y “Secretos de la táctica en ajedrez”); en los que se trata, con el esmerado cuidado que acostumbra Dvoretsky, al juego posicional.

 

Secretos del Juego Posicional en AjedrezEn su prólogo, Dvoretsky cita a Vasil Iskander que dice: “La Maestría del artista radica en su capacidad de obligar a la razón a actuar al más alto nivel de la intuición. La maestría se nutre de la inspiración y es, en cierto modo, una imitación de ésta. La inspiración puede ser intermitente, en cuyo caso la maestría debe suplir las lagunas.”

 

            Como todos los libros de Dvoretsky, el ahora reseñado nos obliga a pensar profundamente al examinarlo. Los libros de Dvoretsky no se pueden leer, sino que uno se tiene que obligar a estudiarlo. Exigen involucrarnos en él. Como el mismo autor señala: “Mis libros pueden o no gustar, pero es improbable que pudiesen ser distintos”. Por ello son altamente instructivos, son como el ajedrez mismo. Son tan complicados o sencillos como debieran ser. El lo advierte claramente: “Estoy seguro de que cualquier tentativa por modificar o simplificar el material llevaría, inevitablemente a un considerable deterioro de la calidad y a una deformación de los modelos ajedrecísticos generales en la mente del autor”.

 

            Son como debieran ser. Por eso nunca decepcionan. No he encontrado ningún libro, artículo o comentario de Dvoretsky que decepcione. Todos dan una luz inspiradora, alentadora y sobre todo orientadora de lo que es el ajedrez y como comprenderlo.

Lo que más alienta de los textos de Dvoretsky es que siempre puede uno observar a un autor en plena evolución. Cada vez que aparece un nuevo texto de Dvoretsky se observa a un autor que evoluciona. No se conforma con su enorme saber, si no lo pone constantemente bajo una lupa crítica y  nos aporta. Pareciera inspirado en la idea de José Martí de que solo hay dos tipos de hombres, los malos que destruyen y los buenos que construyen. Dvoretsky siempre construye. Se construye a si mismo y construye a los que le siguen.

Son sus libros siempre parte de mis libros de cabecera, aunque con lo prolífico que es, obliga a tener un reservorio grande en mi cabecera.

 

            Dvoretsky escribe libros con los que hay que trabajar. El texto que ahora recomiendo requiere laborar con el, al estar constituido por continuas preguntas y ejercicios que impiden una actitud pasiva ante lo escrito. En esto se distingue, afortunadamente, de la mayoría de libros que aparecen hoy día, que fallan en capturar al lector y le permiten acercarse pasivamente a un texto. Aquellos libros no lograrán llevar de la mano a aquel que tiene la ambición de mejorar realmente. Si uno quiere aumentar su acervo bibliográfico con libros que puedan descansar en sus libreros, adornando estantes, no tiene caso adquirir los de Dvoretsky, no son para eso. Los de Dvoretsky se irán maltratando rápidamente, lastimados por el continuo ajetreo, por la constante revisión de sus hojas, manchados por los dedos de lectores que los devoran y los repasan una y otra vez, con el uso constante que los deteriora, cuando una página otrora blanca y pura, se va ensuciando por el descuidado lector que las repasa sin tomar más cuidado en el trato que exprimirlo constantemente. No servirán para adornar nada. Pronto se verán demasiado sucios y agotados, como unos zapatos, que por tan cómodos, el propietario abusa de ponérselos todos los días.

 

             Los libros que tengo de Dvoretsky los he lastimado tanto, que contienen manchas de dedos sucios de tabaco H. Upmann, los he abierto tanto, que las costuras del encuadernador se han aflojado y temo que muy pronto queden hechos una verdadera ruina. Pero los siento sonrientes y satisfechos de darme un gran servicio. Me agradecen seguramente que les pase la mano tan seguido. Se ven feos y hermosos a la vez, con aquella hermosura que da el servicio aunque el físico se haya deteriorado. Su deterioro son como medallas para ellos. Me recuerdan aquellos excombatientes que tienen dañado su cuerpo pero que con su presencia deteriorada le dicen a todos: “Por la Patria fue”.

 

            Mi ejemplar del libro que reseño fue editado apenas en diciembre de 2004 y tengo solo unos meses con él, y sin embargo, pareciera que me ha acompañado muchos años, tan dañado está…

Quisiera haberlo tratado mejor. No haberlo marcado tanto, haberlo cuidado con mayor esmero, no haberlo ensuciado con ceniza de habano, haberme lavado las manos antes de pasar una página y no dejarle la huella que dice: “pertenezco a un fumador empedernido, si así tengo mis páginas, imagínense como él tiene sus pulmones”.

Pero ya es tarde para él. El estudio juntos lo ha maltratado, pero ya lo veo con mucho más cariño que cuando llegó de España tan relumbrante y limpio. Ahora parece un emigrante que ha pasado muchos trabajos, pero que me lo imagino satisfecho por haber cumplido su misión, aunque ello le ha costado perder su buena estampa.

Invitó al lector a que conozca a un hermano de él, y que lo maltrate como yo, pero con cariño.

 

La verdad que los libros de Dvoretsky cada vez están mejor estructurados, realizados con más conciencia pedagógica, con una más depurada técnica de enseñanza.

Es como las nuevas ediciones de los discos de Gardel, que hacen decir “¡Carlitos cada vez canta mejor!”.

El índice es una invitación a adentrarse a temas que capturan, desde que uno lo observa, la ambición de adquirir conocimientos y desarrollar habilidades. Es buen estímulo para desear escuchar en la mente las palabras del autor.

 

Su primera parte la denomina “El Juego Posicional”, con un capitulado sumamente llamativo:

 

De esta primera parte, me había propuesto elegir uno para hacer mi extracto del archivo adjunto que publicaremos en Inforchess Magazine 15.  Pero la elección fue tan complicada, que para no arriesgarme en elegir mal, me decidí por hacerlo en base al primer capítulo, dejando, de alguna manera,  la elección al mismo autor.

 

La segunda parte, denominada “Posiciones Sencillas” no es menos atractiva:

 

 

Pocas veces, habrán observado mis más fieles lectores, en las reseñas que realizo de un libro acostumbro poner completo el índice. Pero en ocasiones como ésta, no se puede evitar, pues mi intención es que el lector se sienta motivado para conocer este libro.

Por otra parte, no me queda sino agradecer a la editorial que lo haya encuadernado con la suficiente fortaleza para resistir mi mal trato con mayor entereza que otros textos que, por lo general, requieren, demasiado pronto, los envíe con un encuadernador especial para que los “rearme”, después de pasar buena temporada en sobres para evitar que sus páginas se pierdan por aquí y por allá. Pasó una prueba de calidad muy severa. La de las manchas de tabaco, por otra parte, no las pasa nadie. Ya huele a H. Upmann, lo que me hace tenerle un poco de conmiseración, pero más cariño.

 

        Pueden acceder al primer ejemplo del contenido de nuestro fichero adjunto a través del siguiente enlace:  Los conceptos posicionales a través de la explicación detallada de una partida.

 

 

Ciudad de México a 5 de agosto de 2005.

 

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