El autocontrol y el modelo Karpov.

Por MI Raúl Ocampo Vargas

 

 

 

 

El 23 de mayo cumplió seis décadas de vida el GM Anatoly Evguenevich Karpov, campeón mundial desde 1975, tras que el gran Robert J. Fischer no aceptó medirse con él bajo las reglas que imponía la FIDE. Una de las maneras más difíciles de obtener un título mundial. Y digo más difíciles puesto que si a Spassky le tocó la carga de perder un título tan preciado para su nación, la URSS, que era ya considerado patrimonio del poder soviético, la carga de recuperarlo no fue nada fácil, menos de la manera en que le tocó al GM Karpov.

Spassky tras perder su título en el match de Reykjavik, en un duelo épico que ahora se ha pasado al cine en un filme que se pasará por la TV mundial en unos días y del que se habla ya bastante en los sitios webs dedicados al ajedrez, hizo un magno esfuerzo para justificarse ante la historia ganando el Campeonato de la URSS más fuerte hasta ese momento, el de 1973, donde prácticamente todos los iconos del ajedrez soviético estaban presentes, exceptuando el patriarca Botvinnik, que por su edad encontraba justificación para no verse involucrado en tan tremenda prueba, aunque muchos comentaristas de la época sugerían que debía hacerlo, pues no era mayor que aquel gran Lasker cuando jugó el Internacional de Moscú de 1935.

Spassky desplegó un ajedrez de enorme calidad en cada una de las partidas de ese evento cumbre de la URSS y se impuso, demostrando que era el mejor jugador soviético. Boris Vasilievich acalló buena parte de las críticas de que no se había podido sobreponer a sus debilidades como ser humano y jugador de ajedrez y que por ello había perdido con Fischer. El más acabado producto de la escuela soviética, orgullo de su nación, había fallado en Reykjavik, en un momento cumbre de la confrontación de la guerra fría. El “canto del Cisne” de Spassky, sin embargo, más que proveer un argumento en contra de sus detractores, pareció darles la razón de alguna forma. Spassky era capaz, pero no tuvo el dominio de si mismo y se dejo vencer psicológicamente por aquella fuerte individualidad que era Fischer. La historia la conocemos, Boris Vasielevich encontró la manera de escapar de la URSS y no bastó su excelente demostración, y el esfuerzo invertido en ella, de su victoria en el Campeonato de la URSS de 1973.

El melodrama del match de Reykjavik tuvo dos protagonistas algo trágicos, pero en especial Spassky, de personalidad más equilibrada, a la larga fue el sobreviviente. Veinte años después, Fischer apoyó al compañero de su match, convidándolo a una celebración que le daría un buen fondo de retiro para que Spassky nunca tuviese problemas económicos. Finalmente el norteamericano fue la victima de la historia y no tuvo un final feliz, terminando perseguido hasta refugiarse en el lugar de su gran triunfo, Islandia.

Spassky finalmente regresa a la Madre Patria Rusia, donde se le recibió como a un hijo prodigo que en realidad nunca se había ido.

San Petersburgo es una ciudad tan bella que debe ser terrible nacer allí y no vivirla, y Spassky y el gran Korchnoi, que fueron forzados de alguna manera a salir de ella, tarde o temprano regresarían.

Karpov se hace parte de la cumbre Reykjavik al vencer a Spassky y a Korchnoi, ganando así el derecho de rescatar de manos de Fischer la preciada joya de la corona soviética del ajedrez, el campeonato mundial.

Pero a Karpov le tocaría la agridulce gloria de coronarse campeón mundial sin vencer al predecesor, algo de lo que se salvo Capablanca, cuando Lasker al principio se negó a aceptar el desafío del habanero y le cedía el título, pero afortunadamente el cubano tuvo la oportunidad de ser coronado gloriosamente y gozó de su triunfo plenamente.

Karpov, como Spassky, tuvo que demostrar, venciendo una y otra vez a todos los ajedrecistas de su época, que su título era digno. Vencer a Fischer ya era muy difícil, pero vencer a su sombra, a su leyenda era tarea casi imposible. Decenas de triunfos en torneos parecían no convencer a los aficionados de la validez del título que ostentaba Karpov. Legitimarse en situación que se presta a ambigüedades ha vencido a muchos a través de la historia. Es como decía Jefferson de la democracia, que se necesita alimentarse de la sangre de patriotas y, lo que muchos quieren olvidar, de los tiranos.

El caso es que Karpov al no tener la oportunidad de vencer al gran Fischer, tuvo que vencer a innumerables pequeños fischeres, y para ello requirió de un enorme carácter, siendo esta demostración de auto dominio, de inmensa disciplina, el principal legado de Karpov a los ajedrecistas.

No conozco la Tula de Karpov, en los duros Urales, pero parece ser la cuna de seres decididos a imponerse a sus circunstancias. Seguramente no es como San Petersburgo o como Moscú, la ciudad que ama Karpov. Pero una vez Karpov mencionó que es muy duro amar la ciudad que no es la suya, lo que me recuerda mucho una canción de un trovador que amaba La Habana, pero no era habanero. El caso es que el paso de Karpov por el ajedrez es una larga historia de esfuerzo y disciplina, un ejemplo viviente de manera de vivir la vida ajedrecísticamente, hacer del ajedrez no un modo de vida, sino una manera de vivir.  Si se tuviera que tener un modelo, creo que nadie escogería el modelo de Fischer o el modelo de Spassky, pero el de Karpov si.

Al pensar en el ejemplo de Karpov, no puede uno olvidar a su entrenador, el GM Semión Furman, todo control de si mismo. Me parece una pena que Furman haya sido tan parco en escribir. Austero en todo, no tenía la locuocidad ni la facilidad de comunicación de un Alexandr Koblenz, por lo que con tan poco material escrito que nos legó, Furman no puede ser un modelo exitoso de entrenador. Los otros formadores de campeones mundiales como Zak, Bondarevsky y Boleslavsky son mucho más conocidos que Furman. Por eso a Karpov se le asocia más como impulsado por Botvinnik, pero eso no me parece tan justo. En los documentales soviéticos de la década de los setentas se muestra una verdad “más razonable”, el que Evgueni Karpov, su padre, y Semión Furman, fueron los verdaderos forjadores del carácter de hierro de Karpov. Dos palabras, o más bien dos conceptos, se asocian a lo que es Karpov como jugador de ajedrez: Auto control y Profilaxis. Un ser que no se deja manejar por los acontecimientos, sino como decía el enorme bardo nayarita, Amado Nervo, un verdadero arquitecto de su propio destino.

Al no contar con los escritos de Furman, tenemos una gran compensación con la enorme producción de Karpov y sus asociados. La bibliografía escrita por el GM Anatoly Evguenevich abarca todos los aspectos del ajedrez. Se pueden mencionar su libro en coautoría con Gik sobre Matemáticas y aspectos científicos relacionados con el ajedrez, así como de estudios de finales, o sus manuales de introducción del ajedrez con diversos autores, resaltando el que hizo para la compañía Disney, o sobre negocios con el franco libanes Kouatly, o sobre sus partidas seleccionadas con los consejos de Alexandr Roshal, el entrenador del gran Dvoretsky y editor, durante muchos años de la revista “64”, o con la colaboración del GM Averbach, editor de “Ajedrez en la URSS”, o su colección de videos, así como muchos artículos influenciados por Neishtadt o la matriarca, poco reconocida en el occidente, del ajedrez soviético, Tijomirova, la mujer detrás de mucho de lo realizado en la enseñanza del ajedrez en la URSS. Ya E. Winter, el sabio del ajedrez de Ginebra, hizo una larga relación de producciones de la pluma de Karpov y juntaba más de media centena. Con el nombre de Anatoly E. Karpov figuran decenas de escuelas de ajedrez y mayor número aún de clubes, incluso uno de los torneos internacionales más importantes del calendario ruso lleva su nombre.

Muchos libros que fueron escritos inicialmente por autores soviéticos, han aparecido de nuevo, pero con la colaboración de Karpov y logran así su difusión mundial. Como el de Lysenko, que apareció hace varias décadas, pero que reapareció con la colaboración de Karpov para potencializarse. Incluso el gran Botvinnik tuvo que escribir respecto a Karpov, ya que una personalidad tan grande no podía sino ser tema del patriarca del ajedrez soviético.

Si Fischer era la gran individualidad, Karpov supo llevar al máximo lo de trabajo en equipo y así se convierte en el verdadero sucesor de Botvinnik como patriarca del ajedrez ruso, siendo reconocido embajador del ajedrez ante el mundo “externo”.

Karpov es vencedor de sus obstáculos internos y logra una proyección externa mucho mayor que sus predecesores.

Según los periodistas rusos, Karpov es el jugador que más exhibiciones de simultaneas ha dado como campeón mundial, superando ampliamente a Alexandr Alekhine, aún que hay considerar que el mundo de Karpov contaba con comunicaciones más rápidas que el de la época de Alekhine, a quien para viajar a Asia o América le tomaba semanas, mientras Karpov recorría diez países en la misma cantidad de días, como durante su campaña por la presidencia de la FIDE.

Según el diario ruso “Nueva Izvestia”, hay más citas en Internet sobre Karpov que sobre Kasparov, pero ese si es un record muy difícil de constatar, máxime que la actividad política de Kasparov también puede ser una limitante en la prensa rusa por Internet, aunque seguramente Kasparov ha aparecido más en la televisión occidental que Karpov.

Karpov nunca fue tan carismático como otros campeones mundiales como Tahl o Capablanca, pero es parte de la era de la información, lo que seguramente favorece el que sea tan conocido. Si a Capablanca le hubiera tocado esta época no hubiera participado solo en una película, sino en decenas. Claro que Karpov también ha actuado en pequeños papeles en algunos filmes, como en uno alemán en que aparece en breve papel como jugador callejero. En muchos documentales sobre Fischer aparece como entrevistado, pues parecen los medios siempre querer hacerle recordar que fue el sucesor de Fischer sin haber jugado nunca contra él.

Es curioso que a pesar de haber yo tratado a Fischer cercanamente muchos días durante su larga estancia en México, específicamente en la ciudad de Cancún, Quintana Roo, y de haber leído mucho sobre Fischer en preparación para comentar su malogrado match con Quinteros que se iba a realizar en México, la muy amplia bibliografía de Karpov, me hace parecer conocerlo más, a pesar de que por cada hora conversada con Karpov puedo contar con veinte con Fischer, pero es que Karpov comentó cientos de sus partidas y Fischer nos dejo comentarios de poco más de sesenta y solo dos libros, mientras que para guardar todos los libros en PDF por Karpov o sobre Karpov no bastan dos DVDS de 4 gigas cada uno. De Fischer hay filmaciones que no suman más de dos horas, mientras que de Karpov hay decenas o tal vez cientos de horas de videos. De Capablanca tengo escasos seis minutos, de Lasker cuatro segundos, de Alekhine otros cinco minutos. Pero hay un filme cubano soviético de la vida de Capablanca de 90 minutos, lo mismo uno de Alekhine basado en el libro de Kotov, mientras que de Fischer como que hay cierta moda en hacer documentales sobre de él, pero de Karpov hay solo unos documentales que no llegan a una hora y son muy poco conocidos en Occidente, aunque como mencione antes, hay muchas horas de videos, pero solo dos documentales, como el de Karpov juega contra Karpov, mientras que Kasparov en eso lo supera ampliamente.

Recomendar al lector algún libro de Karpov en especial sería muy difícil, pero en lo personal el que más me gusta es uno escrito por el letón norteamericano, el GM Edmar Mednis, “Como Karpov gana”, que es particularmente instructivo y transmite en cierta forma los pocos comentarios que sobre las partidas de Karpov hizo su entrenador Furman, y que fueron fuente del trabajo del mago de Riga en los Estados Unidos, según él mismo confesará en su dedicatoria en letón del libro que envió al GM Aivar Gipslis, quien elogió mucho la obra de su coterráneo y aunque lejano, amigo entrañable. Otro libro estupendo es el de “Mis Finales Favoritos” escrito con Gik, que es una verdadera delicia, así como la preciosa edición rusa en castellano, con bellas ilustraciones, “Mosaico Ajedrecístico”, publicada hace una treintena de años, y  que reaparece en 2002 en una edición en ruso que titularon “Todo sobre Ajedrez”.

 

México, a 27 de Mayo del 2011