El punto de vista italiano.

Por MI Raúl Ocampo Vargas

 

 

 

 

Las raíces ajedrecísticas de España e Italia son muy unidas desde el siglo XVI, cuando se realizaron los primeros encuentros internacionales de ajedrecistas y se publicaron los primeros libros de ajedrez con las nuevas reglas que hacían a la Dama, la reina, una pieza todo poderosa. En las tierras regidas y administradas por Felipe II en las dos penínsulas, la ibérica y la itálica, el ajedrez se consolidaba y adquiría su proyección europea y de ultramar. De Cádiz viajaría a La Habana y de ahí a Veracruz y Cartagena, para expandirse por los océanos Pacífico y Atlántico.

Los lectores de ajedrez de habla hispana estamos más familiarizados con lo producido por los anglófonos que por lo que escriben los italianos. Aunque es más fácil para un hispano parlante leer el italiano que el inglés, ni los que somos bibliófilos y afanosos devoradores de textos conocemos algo más que algunos libros y revistas italianas.

Cuando un amigo de aventuras de juventud, o de “jumentud”, nacido en Camagüey, Cuba; logró ganar el Campeonato de Ajedrez de Italia, el GM Lexi Ortega; me puse a escudriñar colecciones de revistas italianas de ajedrez como Scacchitalia y me sorprendió agradablemente la excelente calidad de dichas revistas. Gracias a la biblioteca de mi abuelo conocía ejemplares de revistas italianas de la época de Mussolini, entre 1922 y 1944; así como tenía una buena cantidad de ejemplares de los años 1974-1980 que me regalase el MI Erno Gereben, nacido en Hungría, pero que residió un tiempo en Italia, para luego representar a Suiza y ser mi oponente en la Olimpíada de Niza de 1974, donde hicimos cierta amistad e iniciamos intercambio de material, tras empatar nuestra partida del torneo. Pero el crecimiento de la producción bibliográfica italiana de ajedrez ha sido muy grande, como ha ido elevándose la calidad de sus jugadores. En los años 1930, el campeón de México, el entonces capitán José Joaquin Araíza Vazquez supero en San Remo y en Niza a los mejores jugadores italianos, pero ahora, a más de 80 años de distancia, Italia tiene un nivel mucho más alto, tanto en cantidad, organización como en calidad de jugadores; pero sobre todo, muy notoriamente en producción editorial.

Antes se consideraba que el mejor jugador en Italia era el peruano Esteban Canal, quien radicó prácticamente toda su vida fuera de su patria; como lo hace actualmente el gran Orestes Rodríguez. Luego varios jugadores de origen húngaro reforzaron el ajedrez italiano, pero ya por la Olimpíada de Lugano de 1968, ya había un buen grupo de fuertes jugadores; pero si nos basamos en los resultados comparados entre México e Italia desde 1970 hasta 1980; su nivel era semejante al nuestro. Pero a partir de 1980, con fuertes jugadores líderes como Stefano Tatai y Sergio Mariotti, Italia fue mejorando gradualmente conforme sus organizaciones mejoraban, sobre todo las del ajedrez escolar. Ya para el año 2000, Italia era un centro importante de ajedrez en Europa.

En lo que toca a bibliografía, los precios de los libros italianos de ajedrez son muy elevados en comparación a los libros en inglés o español, por lo que no resulta muy buen negocio adquirirlos, por lo que los lectores de habla hispana prefieren los libros en inglés y poco conocimos lo escrito en italiano sobre ajedrez en este siglo XXI.

Luego el Internet y las copias en PDF permitieron tener acceso a una buena cantidad de material, sin que existiese la barrera de los elevados precios de las publicaciones italianas de ajedrez, y pudimos muchos conocerlas realmente; resultando, como escribí antes, un agradable descubrimiento.

Las publicaciones italianas de cualquier tema se distinguen por su exquisito diseño, el buen gusto de sus presentaciones y lo bien cuidado de toda la imagen; las revistas  italianas de ajedrez comparten esa característica y las hacen sobresalir sobre revistas de mayor popularidad internacional como “New in Chess, The Chess Monthly, Peón de Rey o “64”· de Rusia. También el enfoque es diferente, más dirigido a lo que es ajedrez escolar y social que al ajedrez técnico; pero sin caer en esa chocantería, o pretensión de esoterismo de algunas publicaciones de ajedrez “social” que con lenguajes enredados pretenden ocultar que no dicen nada en realidad. Se abordan temas bien investigados y documentados sobre lo que el ajedrez puede hacer por la comunidad. Incluso Scacchitalia publica ensayos completos y amplios, lo que cada ejemplar se vuelve de colección.

Si el tiraje no era de gran número, ahora con la difusión involuntaria que tienen sus editores debido a las redes sociales en Internet, miles de ejemplares son por primera vez conocidos en muchos países, y los hablantes y lectores de lenguas romances se han desbordado en elogios en diversos foros de ajedrez en la Internet.

En lo que toca a libros, pasa lo mismo con los libros en español, son muy pocos los títulos escritos originalmente en italiano, siendo la parte principal de su producción editorial las traducciones del ruso o del inglés. Uno que me pareció particularmente interesante fue el escrito sobre Esteban Canal, que debiera ser de interés especial también para los lectores de Perú.

Es curioso, pero pensando que un campeón de Italia nació en Cuba, como lo fuera otro nacido en Perú, me hace pensar en el campeón de México, que fue presidente de Cuba y también nació en el Perú; Don Manuel Marquez Sterling Loret de Mola. Con algunos historiadores he debatido que el ajedrez con que Atahualpa vio sus primeras partidas y en la que intervino, y que cuenta la leyenda influyó en su ejecución, fue un ajedrez hecho en México, o al menos reparado en México, con partes de un deteriorado juego traído de La Habana.

La historia une a nuestros pueblos continuamente y mientras más escudriñamos en sus publicaciones, más cercanos nos encontramos.

Recién adquirí un disco con la Opera Moctezuma de Vivaldi, de la que tanto hablaba el cubano Alejo Carpentier, que al parecer descubrió la partitura en La Habana,  y me pareció oír en ella algunos acordes similares a la música inca y luego otros que seguramente harían pensar en Lecuona y, por que no, a Manuel de Falla. Así la música, como el ajedrez, son bienes que compartimos, y si Chirinos da gracias a Dios por la música, yo doy también gracias al creador por el ajedrez.

 

 

México, a 11 de Mayo del 2011